1. La angustia también forma parte de crecer
La infancia no es un período completamente tranquilo o feliz.
Crecer implica separarse, descubrir límites, enfrentarse a lo desconocido y construir poco a poco una relación con el mundo y con los otros.
En ese recorrido aparecen miedos, inseguridades y angustias que forman parte de la construcción subjetiva.
La angustia infantil no siempre indica un trastorno: muchas veces expresa un momento importante del desarrollo subjetivo.
2. El niño no siempre puede explicar lo que siente
A diferencia de un adulto, el niño muchas veces no dispone todavía de palabras suficientes para nombrar lo que le ocurre.
La angustia aparece entonces mediante el cuerpo, el juego, el sueño, las rabietas, el llanto, la inhibición o ciertos comportamientos repetidos.
Lo importante no es solo la conducta visible, sino qué intenta expresar esa escena.
3. Miedos frecuentes en la infancia
Oscuridad, separación, monstruos, enfermedad, muerte, abandono, escuela o dormir solo son temores relativamente frecuentes en determinadas edades.
Muchos de estos miedos forman parte del modo en que el niño intenta simbolizar aquello que todavía resulta incierto.
El problema aparece cuando la angustia se vuelve excesiva, persistente o limita profundamente la vida cotidiana.
Situación difícil o incierta
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Angustia infantil
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Síntoma o miedo
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Búsqueda de elaboración
4. La separación como momento sensible
Muchas angustias infantiles aparecen alrededor de la separación.
Ir al colegio, dormir solo, quedarse con otras personas o tolerar cierta distancia respecto a los padres puede resultar difícil para algunos niños.
Separarse implica descubrir que el otro no está siempre disponible, y eso puede despertar temor, tristeza o inseguridad.
Parte de crecer consiste en aprender a tolerar cierta separación sin sentir que el vínculo desaparece.
5. La angustia también habla del entorno
Los niños son muy sensibles al clima emocional que los rodea.
Conflictos familiares, tensiones, duelos, cambios importantes, exigencias excesivas o inseguridades del entorno pueden repercutir en ellos aunque nadie se los explique directamente.
A veces el niño expresa mediante su angustia algo que circula silenciosamente en el ambiente familiar.
6. Escuchar antes que corregir
Cuando un niño tiene miedo, la respuesta inmediata suele ser tranquilizarlo rápido o intentar que deje de sentirlo.
Pero muchas veces el niño necesita primero sentirse escuchado, acompañado y reconocido en lo que le ocurre.
Minimizar constantemente sus miedos puede hacer que se sienta todavía más solo frente a ellos.
7. El juego ayuda a elaborar
El juego ocupa un lugar fundamental en la elaboración infantil.
Mediante muñecos, dibujos, historias o escenas repetidas, el niño puede empezar a organizar simbólicamente aquello que le angustia.
Lo que no puede decir directamente muchas veces aparece jugando.
8. Acompañar sin invadir
Ayudar a un niño angustiado no significa resolver inmediatamente todas sus dificultades ni interpretarlo todo.
A veces lo más importante es construir un entorno suficientemente estable, seguro y disponible para que pueda ir elaborando sus temores poco a poco.
La angustia infantil puede transformarse cuando el niño encuentra palabras, juego y vínculos que le ayuden a sostener aquello que todavía no comprende del todo.