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El caso Signorelli

Un olvido aparentemente trivial que permitió a Freud mostrar cómo el inconsciente también habla en los fallos cotidianos del lenguaje.

1. Un nombre que no aparece

Freud viaja en coche por Dalmacia con un acompañante. Durante la conversación quiere recordar el nombre del pintor de los frescos de Orvieto, pero el nombre no aparece: Signorelli.

En su lugar acuden otros nombres: Botticelli y Boltraffio. Freud sabe que no son correctos, pero insisten. No se trata simplemente de un fallo de memoria: algo se ha desplazado.

El olvido no borra del todo. Algo del nombre perdido vuelve, pero deformado, desplazado, mezclado con otros significantes.

2. Lo que había antes del olvido

Antes de intentar recordar el nombre de Signorelli, Freud había hablado de los turcos de Bosnia-Herzegovina y de su actitud ante la muerte. También había quedado rozado otro tema más incómodo: la sexualidad, la impotencia y la pérdida de valor de la vida cuando esa función falla.

A esto se añadía un recuerdo doloroso: en Trafoi, Freud había conocido el suicidio de un paciente afectado por una perturbación sexual incurable. Muerte y sexualidad quedaban así enlazadas en un fondo afectivo que Freud no quería tocar directamente.

3. La cadena significante

El nombre olvidado no cae al azar. Freud muestra que se enlaza con una red de sonidos, fragmentos y palabras: Signorelli, Botticelli, Boltraffio, Bosnia, Herzegovina, Herr, Trafoi.

Signorelli

Botticelli · Boltraffio

Bosnia · Herzegovina · Herr · Trafoi

Muerte · sexualidad · impotencia

Lo que desaparece de la conciencia no desaparece sin más. Retorna por otros caminos. El inconsciente no dice directamente aquello que está en juego, pero deja huellas en la superficie del lenguaje.

4. Qué enseña este caso

El caso Signorelli muestra que un olvido puede ser una formación del inconsciente. No significa que todo olvido tenga un sentido oculto profundo, pero sí que algunos fallos del lenguaje pueden estar organizados por asociaciones que el sujeto no domina.

Freud no olvida cualquier nombre. Olvida un nombre conectado, por sus resonancias, con temas que en ese momento resultan difíciles de asumir: la muerte, la sexualidad, la impotencia y el límite de su posición como médico.

5. Lectura lacaniana

Lacan retoma este caso para mostrar que el inconsciente funciona como una estructura de lenguaje. El nombre propio falla allí donde el sujeto queda tocado por algo que no puede decir de frente.

El problema no es solo que falte una palabra. Falta una palabra en un punto donde el sujeto queda implicado. El olvido afecta al nombre, pero también a la posición de Freud ante la muerte, la impotencia y su propio lugar.

6. Por qué sigue siendo actual

Todos conocemos momentos en los que una palabra se escapa, un nombre no aparece o decimos una cosa por otra. A veces no tiene mayor importancia. Pero otras veces el fallo toca justo donde algo nos incomoda.

El interés del psicoanálisis no está en convertir cada olvido en un misterio, sino en escuchar cuándo un tropiezo del lenguaje revela una relación singular entre memoria, afecto y deseo.

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