¿Qué es el objeto a?
Una pregunta extraña
Imagina que llevas meses deseando algo.
Puede ser un trabajo, una relación, una casa, un coche o cualquier otra meta importante. Durante mucho tiempo piensas que, cuando lo consigas, te sentirás finalmente satisfecho.
Y sin embargo, ocurre algo curioso.
Lo consigues.
Disfrutas durante un tiempo.
Y después aparece otra cosa.
Otro objetivo.
Otra inquietud.
Otro deseo.
¿Por qué sucede esto?
¿Por qué el deseo humano parece no agotarse nunca?
Esta pregunta ocupa un lugar central en la enseñanza de Lacan y le llevó a formular uno de sus conceptos más originales: el objeto a.
Un objeto que no es un objeto
Lo primero que conviene aclarar es que el objeto a no es un objeto real.
No es una persona.
No es una cosa.
No es aquello que compramos, obtenemos o poseemos.
De hecho, muchas personas se sienten confundidas al encontrar este concepto por primera vez porque esperan que Lacan esté hablando de algún objeto concreto.
Pero no es así.
El objeto a designa algo mucho más difícil de captar: aquello que pone en marcha el deseo.
No es el objeto deseado.
Es la causa del deseo.
La experiencia de la falta
Desde muy temprano, el ser humano experimenta que algo le falta.
Nace en una situación de dependencia radical.
Necesita a los otros para alimentarse, protegerse y cuidar de él.
En ese proceso aparecen experiencias de satisfacción, pero también de ausencia, demora y frustración.
Ninguna satisfacción es completa ni permanente.
Siempre queda algo pendiente.
Siempre queda un resto.
Lacan considera que esta falta no es un accidente de la vida.
Forma parte de la estructura misma del sujeto.
Y precisamente porque hay una falta, aparece el deseo.
Necesidad, demanda y deseo
Para entender mejor el objeto a conviene distinguir tres conceptos.
Necesidad
La necesidad tiene relación con lo biológico.
Hambre, sed, descanso o protección son ejemplos de necesidades.
Cuando la necesidad se satisface, desaparece temporalmente.
Demanda
Pero el ser humano no solo necesita.
También habla.
Pide.
Reclama.
Busca atención, reconocimiento y amor.
La necesidad queda transformada por el lenguaje y se convierte en demanda.
Deseo
Sin embargo, ni siquiera cuando una demanda es satisfecha desaparece completamente la insatisfacción.
Siempre parece quedar algo más.
Ese exceso es lo que Lacan llama deseo.
El deseo no busca simplemente un objeto concreto.
Busca algo imposible de recuperar plenamente.
Y es aquí donde aparece el objeto a.
La causa del deseo
Normalmente pensamos que deseamos algo porque ese objeto tiene valor.
Lacan invierte la perspectiva.
No deseamos porque el objeto sea valioso.
El objeto parece valioso porque nuestro deseo se ha fijado en él.
Lo que mantiene vivo el deseo no es el objeto conseguido, sino aquello que nunca termina de alcanzarse por completo.
Ese resto imposible de colmar es lo que Lacan denomina objeto a.
Por eso el deseo continúa incluso después de obtener lo que parecía ser su meta.
Un ejemplo cotidiano
Una persona sueña durante años con conseguir un determinado puesto de trabajo.
Imagina que, cuando lo logre, se sentirá plenamente realizada.
Finalmente lo consigue.
Durante un tiempo experimenta satisfacción.
Pero poco después aparece una nueva preocupación.
Ahora desea un ascenso.
O más reconocimiento.
O cambiar de empresa.
O iniciar otro proyecto.
Lo importante no es el nuevo objetivo.
Lo importante es que el deseo sigue funcionando.
La satisfacción nunca logra cerrarlo definitivamente.
Los objetos parciales
En distintos momentos de su enseñanza, Lacan relacionó el objeto a con ciertos objetos parciales.
Entre ellos destacan:
- El pecho.
- Las heces.
- La mirada.
- La voz.
No se trata de objetos importantes por sí mismos.
Lo que interesa es que representan algo perdido o separado del sujeto y que pueden convertirse en soportes del deseo.
La mirada que buscamos.
La voz que nos conmueve.
La atención que esperamos.
El reconocimiento que perseguimos.
Todos ellos pueden funcionar como encarnaciones parciales del objeto a.
El objeto a y el fantasma
El objeto a ocupa también un lugar central en el fantasma.
Cada sujeto construye una manera singular de relacionarse con aquello que cree que le falta.
El fantasma organiza esa relación.
Ofrece una escena, consciente o inconsciente, desde la que el sujeto interpreta lo que desea y lo que espera de los otros.
Por eso el objeto a no es igual para todos.
Cada persona encuentra formas particulares de situarlo en su historia y en sus vínculos.
¿Por qué es importante este concepto?
El objeto a permite comprender algo fundamental de la experiencia humana.
No vivimos simplemente buscando objetos.
Vivimos impulsados por el deseo.
Y el deseo no funciona como una necesidad que puede satisfacerse de una vez para siempre.
Siempre queda un resto.
Siempre hay algo que escapa.
Lejos de ser un problema, esa falta es precisamente lo que mantiene en movimiento la vida psíquica.
Quédate con esto
El objeto a no es un objeto real ni una cosa concreta.
Es el nombre que Lacan da a aquello que causa el deseo.
Representa el resto imposible de colmar completamente y explica por qué el deseo humano continúa incluso después de alcanzar aquello que parecía prometer la satisfacción definitiva.
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