¿El tiempo pasa igual para todos?
Hay momentos que parecen no terminar nunca... y otros desaparecen en un instante
Una tarde de la infancia permanece viva cuarenta años después.
Un accidente ocurrido hace apenas unas semanas parece muy lejano.
Hay personas que siguen viviendo una ruptura como si hubiera sucedido ayer.
Y otras descubren, muchos años después, que un acontecimiento aparentemente insignificante marcó toda su vida.
El reloj avanza para todos al mismo ritmo.
Nuestra experiencia del tiempo, no.
El psicoanálisis mostró que el tiempo de la vida psíquica no coincide exactamente con el tiempo del calendario.
Vivimos entre el pasado, el presente y el futuro
Solemos imaginar el tiempo como una línea.
Primero ocurre una cosa.
Después otra.
Y finalmente llega el futuro.
Nuestra vida cotidiana necesita ese orden.
Sin embargo, nuestra vida psíquica funciona de una manera mucho menos lineal.
El pasado sigue influyendo en el presente.
El futuro modifica nuestras decisiones actuales.
Y lo que vivimos hoy puede cambiar completamente el significado de un recuerdo antiguo.
El inconsciente no conoce el tiempo como nosotros
Freud observó que algunos conflictos permanecían activos durante décadas.
No porque la persona estuviera pensando constantemente en ellos.
Sino porque el inconsciente seguía organizando determinadas elecciones, emociones o síntomas.
Por eso alguien puede reaccionar hoy con una intensidad desproporcionada ante una situación aparentemente pequeña.
No responde únicamente a lo que está ocurriendo ahora.
También responde a una historia que continúa actuando sin hacerse visible.
En cierto modo, para el inconsciente algunas experiencias nunca terminan de pasar.
El pasado también cambia
Podría parecer que el pasado está definitivamente escrito.
Los hechos ya ocurrieron.
Nada puede modificarlos.
El psicoanálisis está de acuerdo.
Pero añade algo importante.
Lo que sí puede cambiar es el sentido que damos a esos hechos.
Un recuerdo infantil puede parecer irrelevante durante muchos años.
Y adquirir un significado completamente nuevo a la luz de una experiencia posterior.
Freud llamó a este fenómeno posterioridad (Nachträglichkeit).
El pasado no cambia.
Cambia la manera en que lo comprendemos.
Repetimos aquello que no hemos podido elaborar
Hay personas que sienten que siempre les ocurre lo mismo.
Cambian de ciudad.
De pareja.
De trabajo.
Pero los conflictos regresan.
No porque el destino las persiga.
Sino porque ciertas formas de relacionarse continúan organizando su vida.
La repetición es una de las maneras en que el pasado permanece presente.
No reproduce exactamente los mismos hechos.
Reproduce una manera de vivirlos.
Lacan: el tiempo también depende de cómo comprendemos nuestra historia
Lacan desarrolló esta idea mostrando que el tiempo subjetivo no coincide con el tiempo cronológico.
A veces comprendemos hoy algo que llevábamos viviendo durante años.
Ese descubrimiento reorganiza toda la historia anterior.
No añade un dato nuevo.
Cambia el lugar que ocupaban los datos que ya conocíamos.
Por eso una interpretación puede modificar profundamente la manera en que una persona entiende su propia vida.
Un análisis no permite volver atrás
A veces se piensa que el psicoanálisis consiste en regresar al pasado.
No es así.
Nadie puede cambiar lo que ocurrió.
Lo que puede cambiar es la relación que mantenemos con ello.
Una culpa puede dejar de ocupar el centro de la vida.
Una pérdida puede adquirir un significado diferente.
Un síntoma puede dejar de repetirse del mismo modo.
El tiempo no retrocede.
Pero nuestra historia puede empezar a leerse de otra manera.
El futuro también participa en el presente
No solo vivimos influidos por lo que recordamos.
También por aquello que esperamos.
Los proyectos.
Los miedos.
Las ilusiones.
Las expectativas.
Muchas decisiones actuales están orientadas hacia un futuro imaginado.
Por eso el tiempo psíquico no avanza únicamente desde el pasado hacia delante.
Pasado, presente y futuro dialogan continuamente.
Quédate con esto
Para el psicoanálisis, el tiempo no es únicamente una sucesión de fechas.
Es la manera en que cada persona organiza su historia.
El pasado nunca desaparece por completo, el presente le da nuevos significados y el futuro influye constantemente en nuestras decisiones.
Comprender esa relación con el tiempo no cambia lo que hemos vivido.
Pero puede transformar profundamente la forma en que seguimos viviendo.
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