Psicoanálisis y filosofía
Dos caminos para comprender al ser humano
Desde que existen registros escritos, el ser humano se ha hecho las mismas preguntas: ¿quién soy?, ¿por qué actúo como actúo?, ¿qué es la verdad?, ¿qué significa vivir bien?, ¿somos realmente libres?
Durante siglos, estas cuestiones pertenecieron al ámbito de la filosofía. A través del razonamiento, la reflexión y el diálogo, los filósofos intentaron comprender la naturaleza humana y encontrar respuestas sobre nuestra existencia.
A finales del siglo XIX apareció una disciplina que no pretendía sustituir a la filosofía, pero sí cambiar profundamente la forma de abordar algunas de esas preguntas: el psicoanálisis.
Su propuesta era tan sencilla como revolucionaria: quizá no somos tan conscientes de nosotros mismos como creemos.
La confianza en la razón
La filosofía occidental ha otorgado tradicionalmente un lugar privilegiado a la razón.
Desde la Antigua Grecia hasta la Ilustración, muchos pensadores compartieron la idea de que el ser humano podía comprenderse a sí mismo mediante la reflexión. Pensar con claridad era el camino para acercarse a la verdad.
Esto no significa que todos los filósofos pensaran igual, pero sí que la conciencia ocupaba un lugar central. El sujeto era, en gran medida, alguien capaz de conocerse mediante el pensamiento.
La célebre expresión de Sócrates, "Conócete a ti mismo", resume bien ese ideal.
Freud cambia la pregunta
Cuando Sigmund Freud comenzó a escuchar a sus pacientes descubrió algo inesperado.
Muchas personas hacían exactamente lo contrario de lo que decían querer.
Olvidaban nombres importantes.
Repetían relaciones que les hacían sufrir.
Cometían errores aparentemente absurdos.
Soñaban con escenas que no comprendían.
Y, sin embargo, esas conductas no eran casuales.
Freud llegó a una conclusión que transformó la comprensión del ser humano:
No somos completamente dueños de nuestra propia mente.
Existe una parte de nosotros que piensa, desea y actúa sin que la conciencia tenga acceso directo a ella.
A esa dimensión la llamó inconsciente.
La pregunta dejó entonces de ser únicamente "¿qué pienso?" para convertirse también en "¿qué deseo sin saberlo?"
El sujeto no coincide consigo mismo
Jacques Lacan llevó esta idea todavía más lejos.
Para él, el sujeto no es un individuo completamente coherente que simplemente posee pensamientos ocultos.
El propio sujeto está dividido.
Muchas veces decimos una cosa mientras hacemos otra.
Creemos elegir libremente cuando en realidad repetimos viejas formas de relacionarnos.
Incluso el lenguaje nos habla antes de que podamos controlarlo por completo.
Por eso Lacan afirmaba que el inconsciente está estructurado como un lenguaje.
No somos únicamente quienes creemos ser.
También somos aquello que aparece en nuestros olvidos, nuestros sueños, nuestros lapsus y nuestros síntomas.
Filosofía y psicoanálisis no son enemigos
A veces se presenta al psicoanálisis como una alternativa a la filosofía. En realidad, ambas disciplinas dialogan continuamente.
La filosofía pregunta:
- ¿Qué es la verdad?
- ¿Qué significa ser libre?
- ¿Qué es la justicia?
- ¿Cómo debemos vivir?
El psicoanálisis añade otra cuestión:
¿Por qué, incluso sabiendo lo que queremos, actuamos muchas veces de forma diferente?
No intenta sustituir las respuestas filosóficas.
Introduce una dimensión nueva: el deseo inconsciente.
Mientras la filosofía suele trabajar con argumentos, conceptos y razonamientos, el psicoanálisis escucha la experiencia singular de cada persona, sus palabras, sus silencios y sus contradicciones.
Las dos disciplinas pueden enriquecerse mutuamente.
Un ejemplo cotidiano
Imaginemos a una persona que afirma una y otra vez:
"Siempre termino eligiendo parejas que me hacen sufrir."
Puede analizar racionalmente la situación.
Puede elaborar listas de ventajas e inconvenientes.
Puede prometerse cambiar.
Y, sin embargo, vuelve a repetir exactamente el mismo patrón.
La filosofía puede ayudarle a reflexionar sobre sus decisiones.
El psicoanálisis añade otra pregunta:
¿Qué deseo inconsciente sostiene esa repetición?
No se trata de juzgar ni de buscar culpables, sino de descubrir aquello que permanece oculto incluso para quien lo vive.
Una forma distinta de buscar la verdad
Para la ciencia, una verdad puede demostrarse mediante experimentos.
Para la filosofía, puede construirse mediante argumentos.
Para el psicoanálisis existe además una verdad subjetiva.
No es una verdad universal.
Es la verdad singular que cada persona descubre poco a poco sobre su propia historia, su deseo y su forma de vivir.
Por eso un análisis no consiste en recibir explicaciones del analista, sino en producir un saber nuevo acerca de uno mismo.
Pensar también es escucharse
Quizá la mayor aportación del psicoanálisis a la filosofía sea recordar que pensar no siempre basta.
Podemos tener las mejores razones para actuar de una manera y, aun así, hacer otra completamente distinta.
No porque seamos irracionales, sino porque nuestra vida psíquica es más compleja de lo que la conciencia puede abarcar.
Comprender al ser humano exige tanto reflexionar como escuchar aquello que aparece en los sueños, en los síntomas, en los olvidos y en las palabras que pronunciamos sin haberlas previsto.
La filosofía nos enseña a formular grandes preguntas.
El psicoanálisis nos invita a descubrir que algunas de sus respuestas quizá ya estaban hablando en nosotros mucho antes de que aprendiéramos a escucharlas.
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