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¿Por qué tenemos miedo a estar solos?

A veces la soledad no asusta por estar sin compañía, sino por lo que imaginamos que significa: abandono, rechazo o no importar a nadie.

Todos los públicos 8 min
¿Por qué tenemos miedo a estar solos?

¿Por qué tenemos miedo a estar solos?

Imaginas un fin de semana sin planes.

Nadie te llama.

Nadie te escribe.

No tienes ninguna obligación.

En teoría, podría ser un momento para descansar.

Sin embargo, muchas personas sienten una inquietud difícil de explicar.

Como si quedarse solo fuera, de alguna manera, una amenaza.

¿Por qué ocurre?

¿Por qué la soledad puede producir tanto miedo?


Estar solo no es lo mismo que sentirse solo

Lo primero es distinguir dos experiencias muy diferentes.

Podemos estar solos y sentirnos en paz.

Y también podemos estar rodeados de personas y sentirnos profundamente solos.

La soledad no depende únicamente de cuánta gente haya a nuestro alrededor.

Depende, sobre todo, de cómo vivimos ese momento.


Necesitamos a los demás

Los seres humanos no nacemos preparados para vivir aislados.

Desde el primer día dependemos completamente de otras personas.

Necesitamos que alguien nos cuide.

Nos proteja.

Nos escuche.

Nos consuele.

Esa necesidad de los demás forma parte de nuestra historia desde el principio.

Por eso no resulta extraño que la posibilidad de perder un vínculo importante despierte tanta angustia.


El miedo no siempre es a la soledad

Muchas veces creemos que tenemos miedo a estar solos.

Pero, si observamos con más atención, descubrimos que el miedo apunta a otra cosa.

A no importar.

A no ser elegidos.

A pensar que nadie nos echaría de menos.

La ausencia de compañía duele, en parte, por el significado que le damos.

No porque estar solos sea, por sí mismo, algo insoportable.


Permanecer donde ya no queremos estar

Ese miedo explica por qué algunas personas mantienen relaciones que ya no les hacen felices.

No porque todavía estén bien.

Sino porque la idea de quedarse solas les resulta aún más difícil.

Aceptar una relación insatisfactoria puede parecer menos doloroso que enfrentarse a la incertidumbre de la soledad.

Sin embargo, pagar ese precio suele alejarnos también de nosotros mismos.


Un ejemplo cotidiano

Imagina que una relación termina.

Los primeros días resultan difíciles.

No solo echas de menos a esa persona.

También desaparecen las rutinas compartidas.

Los mensajes.

Los planes.

La sensación de que había alguien pensando en ti.

Poco a poco puedes llegar a preguntarte:

"¿Y si nadie vuelve a quererme?"

Esa pregunta suele doler mucho más que el silencio de la casa.


¿Qué puede aportar el psicoanálisis?

El psicoanálisis recuerda que el deseo humano siempre se construye en relación con los demás.

Necesitamos vínculos.

Necesitamos sentir que ocupamos un lugar para alguien.

Pero también nos invita a distinguir entre dos cosas.

Una es desear compartir la vida con otras personas.

Otra muy distinta es creer que solo podemos sentirnos valiosos cuando alguien está a nuestro lado.

Cuando confundimos ambas experiencias, la soledad deja de ser un momento y se convierte en una amenaza para nuestra identidad.


Aprender a estar con uno mismo

Superar el miedo a la soledad no significa dejar de necesitar a los demás.

Sería imposible.

Significa descubrir que también podemos construir una relación amable con nosotros mismos.

Que podemos disfrutar de momentos de silencio.

Leer.

Pasear.

Pensar.

Descansar.

Sin sentir que, por ello, valemos menos o estamos siendo abandonados.

Los vínculos enriquecen la vida.

Pero no deberían convertirse en la única prueba de que existimos para alguien.


La compañía más duradera

Las personas importantes entran y salen de nuestra vida.

Algunas permanecen muchos años.

Otras no.

Hay una única compañía que estará con nosotros desde el principio hasta el final.

Nosotros mismos.

Aprender a cuidar esa relación no elimina el deseo de compartir la vida con otros.

Pero hace que la soledad deje de vivirse únicamente como una pérdida.

También puede convertirse en un espacio para encontrarnos con quienes somos.


Quédate con esto

El miedo a estar solos no suele hablar solo de la falta de compañía.

Muchas veces expresa el temor a no ser importantes para nadie o a sentir que hemos perdido nuestro lugar en la vida de los demás.

El psicoanálisis nos recuerda que necesitamos vínculos, pero también que nuestro valor no depende exclusivamente de ellos.

Aprender a estar con uno mismo no significa renunciar a los demás.

Significa descubrir que la mejor relación que podemos construir también es la que mantenemos con nosotros mismos.

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