¿Por qué sentimos envidia?
Pocas personas reconocen fácilmente que sienten envidia.
Es una emoción que suele avergonzarnos.
Preferimos decir que alguien nos cae mal, que ha tenido suerte o que no merece lo que ha conseguido.
Sin embargo, la envidia forma parte de la experiencia humana.
Todos la hemos sentido alguna vez.
La diferencia no está en sentirla o no, sino en comprender qué intenta decirnos.
Desde el psicoanálisis, la envidia no nos convierte en malas personas. Muchas veces aparece cuando creemos que otra persona posee algo que sentimos que nos falta.
La comparación es inevitable
Desde pequeños aprendemos a compararnos.
Quién saca mejores notas.
Quién tiene más amigos.
Quién es más guapo.
Quién gana más dinero.
Quién parece más feliz.
Aunque intentemos evitarlo, nuestra mente compara continuamente.
El problema aparece cuando esas comparaciones terminan definiendo nuestro propio valor.
No envidiamos cualquier cosa
Es curioso.
No solemos sentir envidia por todo aquello que otras personas poseen.
Solo por aquello que, de algún modo, también deseamos.
Quizá alguien tenga una casa enorme y no nos produzca ninguna emoción.
Pero otra persona consigue el trabajo que soñábamos y sentimos una incomodidad difícil de explicar.
La envidia habla tanto de nuestros deseos como de los logros ajenos.
A veces envidiamos una imagen, no una realidad
Hoy resulta muy fácil comparar nuestra vida con la de los demás.
Las redes sociales muestran viajes.
Éxitos.
Cuerpos perfectos.
Parejas felices.
Pero casi nunca enseñan los momentos de duda, de tristeza o de fracaso.
Terminamos comparando nuestra vida completa con la parte más bonita de la vida de los demás.
Y esa comparación siempre resulta injusta.
La envidia también puede esconder admiración
Hay algo curioso.
Muchas veces la persona que envidiamos posee precisamente aquello que nos gustaría desarrollar en nosotros mismos.
Su seguridad.
Su creatividad.
Su capacidad para hablar en público.
Su forma de relacionarse.
En ese sentido, la envidia puede convertirse en una pista.
Nos señala aquello que consideramos valioso.
Cuando la comparación nunca termina
El problema aparece cuando creemos que solo podremos sentirnos bien si conseguimos lo mismo que los demás.
Entonces cualquier éxito ajeno parece convertirse en un fracaso propio.
Y eso resulta agotador.
Siempre habrá alguien más inteligente.
Más atractivo.
Más rico.
Más conocido.
Si nuestra tranquilidad depende de superar continuamente a los demás, nunca terminaremos de encontrarla.
Lo que sentimos que nos falta
Desde el psicoanálisis, la envidia suele señalar una sensación de falta.
No porque realmente nos falte todo aquello que vemos en los demás.
Sino porque creemos que esa persona posee la clave de una felicidad que nosotros todavía no hemos encontrado.
Sin embargo, ninguna persona tiene una vida perfecta.
Todos convivimos con deseos, dudas y dificultades que los demás apenas conocen.
Comprender antes que avergonzarse
Sentir envidia no significa que seamos egoístas o malas personas.
Lo importante es preguntarnos:
¿Por qué precisamente eso me afecta?
¿Qué representa para mí?
¿Qué deseo aparece cuando veo a esa persona?
Responder a estas preguntas puede transformar una emoción incómoda en una oportunidad para conocernos mejor.
Quédate con esto
La envidia no suele hablar únicamente de la otra persona.
Habla, sobre todo, de aquello que creemos que nos falta.
Comprender ese sentimiento puede ayudarnos a dejar de compararnos constantemente y empezar a descubrir cuáles son, realmente, nuestros propios deseos.
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