¿Por qué nos cuesta perdonarnos?
Todos cometemos errores.
Decimos cosas de las que después nos arrepentimos.
Tomamos decisiones equivocadas.
Perdemos oportunidades.
Hacemos daño a alguien sin querer.
Con el paso del tiempo solemos comprender mejor lo ocurrido.
Aprendemos.
Cambiamos.
Intentamos reparar aquello que estuvo en nuestras manos.
Sin embargo, muchas personas siguen sintiendo que no merecen dejar atrás lo sucedido.
¿Por qué nos cuesta tanto perdonarnos?
Recordar no es el problema
Recordar un error puede ser útil.
Nos ayuda a aprender.
A actuar de otra manera la próxima vez.
El problema aparece cuando dejamos de recordar lo que hicimos y empezamos a definirnos por ello.
Ya no pensamos:
"Cometí un error."
Pensamos:
"Soy un error."
Y esa diferencia cambia por completo la manera en que vivimos.
Somos mucho más duros con nosotros mismos
Resulta curioso.
Cuando un amigo se equivoca, solemos comprender que estaba pasando por un mal momento.
Que hizo lo que pudo con los recursos que tenía.
Que cualquiera puede cometer un error.
Pero cuando se trata de nosotros, esa comprensión desaparece.
Nos exigimos una perfección que jamás pediríamos a otra persona.
La culpa parece no tener fecha de caducidad
Hay errores que ocurrieron hace diez o veinte años.
Sin embargo, basta con recordarlos para sentir exactamente la misma vergüenza o el mismo dolor.
Como si el tiempo no hubiera pasado.
Como si siguiéramos siendo la misma persona que entonces.
Pero no lo somos.
La experiencia también nos cambia.
Aprendemos.
Maduramos.
Nos transformamos.
Y, aun así, muchas veces seguimos juzgándonos desde el pasado.
Confundir lo que hicimos con lo que somos
Todos realizamos acciones de las que podemos arrepentirnos.
Eso no significa que toda nuestra identidad quede reducida a ellas.
Una persona puede haber mentido sin ser únicamente una mentirosa.
Puede haber actuado con egoísmo sin convertirse para siempre en egoísta.
Puede haber tomado una mala decisión sin que toda su vida quede definida por ella.
Sin embargo, cuando nos juzgamos a nosotros mismos, tendemos a olvidar esa diferencia.
Un ejemplo cotidiano
Imagina que hace años discutiste con un amigo y dijiste cosas de las que todavía te avergüenzas.
Con el tiempo pediste perdón.
La relación continuó.
La otra persona hace mucho que dejó atrás aquel episodio.
Pero tú sigues recordándolo una y otra vez.
Cada vez que aparece en tu memoria, vuelves a sentir que eres una mala persona.
Como si el castigo tuviera que durar para siempre.
¿Qué puede aportar el psicoanálisis?
El psicoanálisis no propone olvidar los errores.
Tampoco pretende eliminar toda culpa.
Lo que invita a preguntarnos es si seguimos castigándonos porque todavía queda algo por reparar o porque una parte de nosotros cree que nunca merece ser absuelta.
A veces descubrimos que el castigo continúa incluso cuando ya no tiene ninguna función.
Simplemente se ha convertido en una costumbre.
Perdonarse no significa justificarse
Existe un malentendido frecuente.
Perdonarse no consiste en decir que lo ocurrido no tuvo importancia.
Ni en evitar la responsabilidad.
Perdonarse significa reconocer el error, asumir sus consecuencias cuando sea posible y permitir que la vida continúe.
Seguir castigándonos indefinidamente no repara el pasado.
Solo prolonga el sufrimiento en el presente.
Darse la misma oportunidad
Quizá una buena pregunta sea esta:
¿Trataría a otra persona como me trato a mí mismo por ese mismo error?
Muchas veces la respuesta es no.
Somos capaces de comprender las circunstancias de los demás.
Pero nos negamos esa misma comprensión.
Aprender a perdonarnos consiste, en parte, en empezar a dirigir hacia nosotros la humanidad que ya ofrecemos a quienes queremos.
Quédate con esto
Perdonarse no significa olvidar el pasado ni negar los errores cometidos.
Significa dejar de reducir toda nuestra identidad a aquello que hicimos en un momento determinado.
El psicoanálisis nos recuerda que una persona es mucho más que sus equivocaciones.
Aceptar esa idea no borra el pasado, pero puede abrir la posibilidad de vivir el presente con menos culpa y con una relación más amable con uno mismo.
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