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¿Por qué necesitamos que respondan a nuestros mensajes?

Un mensaje sin respuesta puede parecer algo pequeño, pero a veces despierta dudas, ansiedad y miedo al rechazo.

Todos los públicos 8 min
¿Por qué necesitamos que respondan a nuestros mensajes?

¿Por qué necesitamos que respondan a nuestros mensajes?

Has enviado un mensaje.

Al principio no le das importancia.

Pero pasan unos minutos.

Luego una hora.

Miras el móvil otra vez.

Compruebas si tiene conexión.

Si ha leído el mensaje.

Si quizá se le ha olvidado responder.

Y, poco a poco, empiezan a aparecer preguntas que antes no estaban:

"¿Le habré molestado?"

"¿Estará enfadado conmigo?"

"¿Y si ya no le intereso?"

Resulta curioso.

Un simple silencio puede llegar a generar mucha más inquietud que una respuesta negativa.

¿Por qué ocurre?


No esperamos solo una respuesta

Cuando enviamos un mensaje, normalmente pensamos que estamos pidiendo información.

Pero muchas veces esperamos algo más.

Esperamos una señal.

Una confirmación de que seguimos siendo importantes para esa persona.

De que nos ha tenido en cuenta.

De que seguimos ocupando un lugar en su mundo.

Por eso una respuesta breve puede tranquilizarnos mucho más que una explicación larga horas después.

Lo que calma no siempre es el contenido.

Es la sensación de que el otro está ahí.


El silencio deja espacio a la imaginación

Cuando alguien no responde, casi nunca conocemos el motivo.

Quizá esté trabajando.

Quizá haya olvidado el teléfono.

Quizá simplemente quiera responder más tarde.

Sin embargo, nuestra mente rara vez se queda esperando tranquilamente.

Empieza a llenar ese silencio con explicaciones.

Y, con frecuencia, elige precisamente las que más nos preocupan.

El silencio no habla por sí mismo.

Somos nosotros quienes intentamos darle un significado.


No todos vivimos la espera igual

Hay personas que apenas se inquietan si tardan en responderles.

Otras sienten una ansiedad muy intensa.

La diferencia no suele depender del tiempo que pasa.

Depende de lo que esa espera representa para cada uno.

Para algunas personas, una respuesta tardía solo significa que el otro está ocupado.

Para otras, puede sentirse como una señal de abandono, rechazo o pérdida de interés.

No reaccionamos únicamente al mensaje.

También reaccionamos a nuestra propia historia.


La necesidad de ser reconocidos

Desde que nacemos dependemos de los demás.

No solo para sobrevivir.

También para descubrir quiénes somos.

Necesitamos que alguien nos mire, nos nombre, nos escuche y responda a nuestras llamadas.

Esa necesidad no desaparece completamente cuando nos hacemos adultos.

Seguimos buscando, de distintas maneras, señales de que contamos para alguien.

Un mensaje respondido puede convertirse, sin que lo sepamos, en una pequeña confirmación de que seguimos ocupando ese lugar.


Las aplicaciones también alimentan la espera

Las nuevas tecnologías han hecho que esta experiencia sea aún más intensa.

Ahora sabemos cuándo alguien está conectado.

Cuándo ha leído nuestro mensaje.

Cuándo ha escrito y luego ha borrado.

Disponemos de mucha más información.

Pero, paradójicamente, también tenemos muchos más motivos para interpretar.

Un simple "visto" puede dar lugar a decenas de historias diferentes.

Y casi nunca sabemos cuál es la verdadera.


Un ejemplo cotidiano

Imagina que escribes a un amigo proponiéndole quedar.

Pasan varias horas sin respuesta.

Al principio piensas que estará ocupado.

Después recuerdas la última conversación.

Empiezas a preguntarte si dijiste algo que pudo molestarle.

Más tarde decides no volver a escribir para no parecer insistente.

Finalmente responde.

Simplemente había dejado el móvil en casa.

Nada de lo que imaginaste había ocurrido.

Sin embargo, durante esas horas, el sufrimiento fue completamente real.


¿Qué puede aportar el psicoanálisis?

El psicoanálisis no pretende enseñarnos a dejar de esperar respuestas.

Eso forma parte de los vínculos humanos.

Lo que propone es preguntarnos por qué determinados silencios nos afectan tanto.

A veces descubrimos que no estamos esperando únicamente un mensaje.

Estamos esperando sentirnos elegidos.

Reconocidos.

Queridos.

Importantes para alguien.

Y esa necesidad puede hacerse especialmente intensa cuando depositamos en una sola persona la tarea de confirmar nuestro propio valor.


Aprender a tolerar el silencio

No siempre podremos evitar preocuparnos cuando alguien tarda en responder.

Pero sí podemos empezar a distinguir entre lo que realmente sabemos y lo que imaginamos.

El silencio del otro no siempre habla de nosotros.

Muchas veces solo habla de la vida del otro.

Aceptar que no podemos conocer inmediatamente el significado de cada silencio también forma parte de una relación más tranquila con los demás.


Quédate con esto

Esperar una respuesta no consiste solo en esperar unas palabras.

Muchas veces esperamos una señal de que seguimos siendo importantes para alguien.

El psicoanálisis nos recuerda que esa necesidad de reconocimiento forma parte de la condición humana.

Comprenderlo puede ayudarnos a sufrir menos cuando el silencio aparece y a descubrir que no todos los silencios significan rechazo.

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