¿Por qué idealizamos a algunas personas?
A todos nos ha ocurrido alguna vez.
Conocemos a alguien y, casi sin darnos cuenta, empezamos a verlo como una persona extraordinaria. Nos parece más inteligente, más interesante, más atractiva o más especial de lo que probablemente es. Apenas conocemos algunos aspectos de su vida, pero nuestra imaginación completa el resto.
Con el tiempo, esa imagen puede desmoronarse. Entonces aparece una sensación extraña: "No era como yo pensaba."
¿Qué ha ocurrido?
Desde el psicoanálisis, la respuesta no está únicamente en la otra persona, sino también en nosotros mismos.
No vemos a las personas tal y como son
Nos gusta pensar que percibimos la realidad de forma objetiva.
Sin embargo, nuestras relaciones siempre están filtradas por nuestra historia, nuestros deseos, nuestros miedos y nuestras experiencias anteriores.
Cuando conocemos a alguien, no partimos de cero.
Sin darnos cuenta, proyectamos expectativas, recuerdos y fantasías que colorean nuestra forma de verlo.
Es como mirar un paisaje con unas gafas de colores: creemos estar viendo la realidad, pero una parte importante pertenece al cristal con el que miramos.
La imaginación completa los huecos
Al principio conocemos muy poco de una persona.
Sabemos algunas cosas, intuimos otras y desconocemos la mayoría.
Sin embargo, nuestro cerebro no tolera bien los espacios vacíos. Tiende a completarlos construyendo una historia coherente.
Si alguien nos parece amable, quizá imaginemos que también será generoso.
Si parece inteligente, suponemos que también será equilibrado.
Si nos hace sentir bien, podemos pensar que será la persona adecuada para compartir nuestra vida.
Lo curioso es que muchas de esas características nunca las hemos comprobado.
Simplemente las hemos supuesto.
Idealizar también habla de nuestras necesidades
No idealizamos únicamente por admiración.
Muchas veces idealizamos porque necesitamos algo.
Necesitamos sentirnos queridos.
Necesitamos protección.
Necesitamos encontrar a alguien que dé sentido a un momento difícil.
En esas circunstancias, la otra persona deja de ser únicamente quien es y comienza a representar aquello que sentimos que nos falta.
Sin quererlo, le otorgamos un papel mucho mayor del que realmente ocupa en nuestra vida.
El deseo siempre imagina algo más
El psicoanálisis señala que el deseo humano nunca se satisface por completo.
Siempre busca algo que parece estar un poco más allá.
Por eso resulta tan fácil imaginar que alguien posee aquello que creemos necesitar para ser felices.
Pensamos:
"Cuando esté con esa persona todo cambiará."
"Ella sí me comprenderá por completo."
"Con él desaparecerán mis inseguridades."
No es que la otra persona provoque esa ilusión.
En gran medida somos nosotros quienes la construimos.
Las redes sociales alimentan la idealización
Hoy este fenómeno resulta todavía más frecuente.
En internet solemos conocer únicamente los mejores momentos de la vida de los demás.
Fotografías cuidadas.
Viajes.
Éxitos.
Sonrisas.
Fragmentos cuidadosamente seleccionados.
Es fácil terminar creyendo que existen personas que viven sin conflictos, sin dudas y sin problemas.
Pero esa imagen está incompleta.
Todos tenemos contradicciones, inseguridades y momentos difíciles, aunque no aparezcan en una publicación.
Cuando la realidad aparece
Convivir, trabajar juntos o simplemente conocer mejor a alguien suele hacer desaparecer parte de la idealización.
Descubrimos defectos.
Opiniones distintas.
Limitaciones.
Costumbres que desconocíamos.
Algunas personas viven esta etapa como una decepción.
En realidad, puede ser el comienzo de una relación mucho más auténtica.
Solo cuando dejamos de amar la imagen perfecta podemos empezar a conocer a la persona real.
Idealizar también puede ocurrir con uno mismo
No solo idealizamos a los demás.
A veces construimos una imagen ideal de cómo deberíamos ser.
Creemos que algún día llegaremos a convertirnos en una versión perfecta de nosotros mismos.
Sin errores.
Sin inseguridades.
Siempre felices.
Cuando esa imagen resulta imposible de alcanzar, aparece la frustración.
Aceptar nuestras propias limitaciones suele ser mucho más saludable que perseguir una perfección que nunca llega.
Entonces... ¿es malo admirar a alguien?
No.
Admirar es algo muy distinto a idealizar.
Podemos reconocer cualidades en otra persona sin dejar de verla como un ser humano.
La admiración inspira.
La idealización, en cambio, suele impedir conocer realmente al otro.
Cuando esperamos perfección, cualquier pequeño defecto puede convertirse en una enorme decepción.
Quédate con esto
Idealizar no significa que la otra persona sea extraordinaria.
Muchas veces significa que nuestro deseo ha completado aquello que todavía no conocíamos.
Las relaciones más profundas no nacen cuando encontramos personas perfectas.
Nacen cuando dejamos de necesitarlas perfectas para poder conocerlas de verdad.
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