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¿Por qué algunas personas nos obsesionan?

A veces no podemos dejar de pensar en alguien. ¿Qué tiene esa persona que ocupa tanto espacio en nuestra mente?

Todos los públicos 9 min
¿Por qué algunas personas nos obsesionan?

¿Por qué algunas personas nos obsesionan?

Todos conocemos a alguien que parece imposible de olvidar.

Quizá fue una pareja.

Un amor que nunca llegó a comenzar.

Alguien que apenas vimos unas cuantas veces.

O incluso una persona con la que nunca tuvimos una relación real.

Sin embargo, seguimos pensando en ella.

La imaginamos.

Nos preguntamos qué estará haciendo.

Revisamos sus redes sociales.

Volvemos una y otra vez a conversaciones antiguas.

¿Por qué ocurre?

Desde el psicoanálisis, la respuesta no suele encontrarse únicamente en la otra persona. Muchas veces tiene más que ver con lo que esa persona representa para nosotros que con quien realmente es.


No nos enamoramos solo de quien tenemos delante

Cuando conocemos a alguien, no vemos únicamente a esa persona.

También proyectamos deseos, recuerdos, ilusiones y expectativas.

Sin darnos cuenta, imaginamos cómo sería una vida junto a ella.

Qué sentiríamos.

Qué podríamos llegar a ser.

En ese momento ya no solo nos relacionamos con una persona real.

También comenzamos a relacionarnos con una historia que nosotros mismos estamos construyendo.


La imaginación hace el resto

Curiosamente, las personas que más nos obsesionan no siempre son las que mejor conocemos.

A veces ocurre justamente lo contrario.

Cuanto menos sabemos de alguien, más espacio tiene nuestra imaginación para completar los huecos.

Imaginamos cómo piensa.

Cómo siente.

Cómo sería convivir con ella.

Cómo habría cambiado nuestra vida si todo hubiera salido de otra manera.

La mente termina construyendo una versión ideal que resulta mucho más difícil de abandonar que la propia persona.


No siempre buscamos a la otra persona

Muchas veces creemos que echamos de menos a alguien.

Pero, en realidad, lo que echamos de menos es cómo nos sentíamos cuando pensábamos en esa persona.

La ilusión.

La esperanza.

La posibilidad de una vida distinta.

El deseo no siempre se dirige únicamente hacia alguien.

También puede dirigirse hacia aquello que creemos que esa persona podría aportarnos.


Cuanto más inaccesible parece, más crece el deseo

Existe una paradoja curiosa.

Lo que resulta imposible o difícil de conseguir suele despertar todavía más interés.

No porque sea mejor.

Sino porque nuestra imaginación continúa trabajando.

Mientras algo permanece inacabado, sigue abierto.

Todavía puede convertirse en cualquier cosa.

Cuando finalmente conocemos mejor a una persona, esa fantasía empieza a desaparecer.

La realidad ocupa el lugar de la imaginación.


El deseo necesita un poco de distancia

Desde el psicoanálisis sabemos que el deseo no funciona igual que una necesidad.

No se satisface por completo.

Siempre parece dirigirse hacia algo que permanece un poco más allá.

Por eso algunas personas ocupan un lugar tan especial en nuestra mente.

No porque sean perfectas.

Sino porque representan algo que sentimos que todavía nos falta.


Obsesionarse no significa amar más

A menudo confundimos intensidad con amor.

Pensamos que, si alguien ocupa constantemente nuestros pensamientos, debe de ser la persona de nuestra vida.

Pero no siempre es así.

La obsesión suele estar llena de ansiedad.

De incertidumbre.

De necesidad de controlar.

El amor, en cambio, permite conocer poco a poco a la otra persona, aceptando también sus limitaciones.

No necesita mantener una fantasía permanente.


Comprender qué representa esa persona

En lugar de preguntarnos:

"¿Por qué no puedo olvidarla?"

Quizá resulte más útil preguntarnos:

"¿Qué representa para mí?"

¿Qué esperanza despertó?

¿Qué parte de mi vida parecía prometer?

¿Qué deseo puso en movimiento?

Responder a estas preguntas suele acercarnos mucho más a comprender lo que sentimos.


Quédate con esto

Las personas que más nos obsesionan no siempre son las más extraordinarias.

Con frecuencia son aquellas sobre las que hemos depositado nuestros deseos, nuestras ilusiones y nuestras fantasías.

A veces no resulta tan difícil dejar de pensar en una persona.

Lo verdaderamente difícil es renunciar a la historia que habíamos imaginado junto a ella.

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