Buscar en Psicoanálisis

Busca artículos, temas o términos del glosario.

← Volver a artículos

Los cuatro discursos de Lacan

Cuatro formas fundamentales de organizar las relaciones humanas, el saber, la autoridad y el deseo.

Avanzado 12 min
Los cuatro discursos de Lacan

Los cuatro discursos de Lacan

¿Qué entiende Lacan por discurso?

Cuando escuchamos la palabra discurso, solemos pensar en alguien hablando: un político dando un mitin, un profesor impartiendo una clase o una persona explicando una idea.

Sin embargo, Lacan utiliza esta palabra de una manera mucho más amplia.

Para él, un discurso no es simplemente lo que se dice. Es una forma de organizar las relaciones humanas. Una estructura que determina quién ocupa una posición de autoridad, quién produce saber, quién pregunta, quién escucha y cómo circula el deseo entre las personas.

Dicho de otro modo: los discursos son formas de vínculo social.

No describen tipos de personalidad ni categorías de personas. Una misma persona puede ocupar distintos discursos según el momento y la situación.

Un padre puede hablar desde el discurso del Amo cuando pone una norma a su hijo, desde el discurso Universitario cuando le explica algo, desde el discurso Histérico cuando cuestiona una decisión de la empresa donde trabaja, y desde el discurso Analítico cuando escucha a un amigo sin intentar darle respuestas rápidas.

Lacan distinguió cuatro discursos fundamentales:

Cada uno organiza de forma diferente la relación entre autoridad, saber, deseo y verdad.


El discurso del Amo

El discurso del Amo es probablemente la forma más antigua y reconocible de organización social.

Su lógica es sencilla:

Alguien ocupa una posición de autoridad y establece una dirección.

La orden puede ser explícita:

"Haz esto."

O implícita:

"Las cosas se hacen así."

Lo importante es que la autoridad no necesita justificarse continuamente. Su legitimidad se da por supuesta.

Podemos encontrar este discurso en muchas situaciones cotidianas:

El discurso del Amo tiene una función importante: permite que las cosas se organicen y avancen.

Sin embargo, también tiene un límite. Cuando la autoridad se vuelve incuestionable, el sujeto puede quedar reducido a la obediencia.


El discurso Universitario

En este discurso, el lugar principal ya no lo ocupa la autoridad, sino el saber.

La legitimidad proviene de los conocimientos, los procedimientos, las normas técnicas y los protocolos.

Las frases típicas son:

"Los estudios dicen..."

"Está demostrado que..."

"El procedimiento correcto es..."

Lo encontramos constantemente en:

Gracias a este discurso es posible transmitir conocimientos y construir instituciones complejas.

Sin embargo, también puede generar una ilusión: creer que todo puede explicarse mediante procedimientos y conocimientos objetivos.

A veces el saber termina convirtiéndose en una forma de autoridad difícil de cuestionar.


El discurso Histérico

El discurso Histérico introduce una pregunta.

Mientras el Amo afirma y el Universitario explica, el Histérico cuestiona.

Su posición fundamental podría resumirse así:

"No estoy satisfecho con las respuestas que me dan."

No se trata simplemente de protestar.

La pregunta histérica empuja al otro a producir nuevas respuestas y nuevos conocimientos.

Muchos avances científicos, filosóficos y sociales nacen precisamente de alguien que se atreve a preguntar:

"¿Y si las cosas no fueran como creemos?"

Por eso este discurso tiene una función creativa.

Interroga al saber establecido.

Pone en cuestión la autoridad.

Abre nuevas posibilidades.

Su riesgo aparece cuando la búsqueda de respuestas se vuelve interminable y ninguna explicación resulta suficiente.


El discurso Analítico

El cuarto discurso es el que orienta la práctica psicoanalítica.

A diferencia de los anteriores, no intenta mandar, enseñar ni responder inmediatamente.

Su posición fundamental es otra:

Escuchar.

El analista no ocupa el lugar de quien sabe la verdad sobre la vida del paciente.

Tampoco impone una dirección ni ofrece soluciones prefabricadas.

Su función consiste en favorecer que el sujeto pueda descubrir algo de sí mismo a través de su propia palabra.

Por eso, en lugar de responder rápidamente, suele devolver preguntas, señalar contradicciones o invitar a seguir hablando.

Este discurso crea un espacio donde puede surgir algo nuevo.

No busca adaptar al sujeto a una norma.

Busca permitir que encuentre una manera singular de arreglárselas con aquello que le hace sufrir.


¿Son cuatro tipos de personas?

No.

Este es uno de los malentendidos más frecuentes.

Los discursos no describen personas.

Describen posiciones.

Todos ocupamos distintos discursos según la situación.

Por ejemplo:

Los discursos no son identidades.

Son formas de relación.


¿En qué discurso estoy hablando ahora?

Puede resultar útil reconocer estas posiciones en la vida cotidiana.

Discurso del Amo

"Esto se hace así."

La prioridad es dirigir y organizar.

Discurso Universitario

"Voy a explicarte cómo funciona."

La prioridad es transmitir saber.

Discurso Histérico

"¿Por qué tiene que ser así?"

La prioridad es cuestionar.

Discurso Analítico

"Cuéntame más."

La prioridad es escuchar.

En la práctica, nuestras conversaciones suelen mezclar varios discursos.

Sin embargo, identificar cuál predomina en cada momento puede ayudarnos a comprender mejor cómo se organizan nuestras relaciones con los demás.


Para terminar

La propuesta de Lacan no consiste en decir que un discurso sea bueno y otro malo.

Cada uno cumple una función.

La autoridad organiza.

El saber transmite conocimientos.

La pregunta impulsa cambios.

La escucha abre espacios de transformación.

Comprender los cuatro discursos permite observar algo que normalmente pasa desapercibido: que nuestras relaciones no dependen solo de las personas implicadas, sino también de la posición desde la que cada uno habla y escucha.

Y muchas veces, cambiar una relación implica precisamente cambiar de discurso.

¿Quieres comentar este artículo?

Puedes enviarme una reflexión, duda o sugerencia. No se publicará automáticamente.