La soledad
Introducción
Pocas experiencias resultan tan contradictorias como la soledad.
Hay momentos en los que deseamos estar solos para descansar, pensar o simplemente alejarnos del ruido.
Y hay otros en los que esa misma soledad se convierte en una carga difícil de soportar.
Podemos sentirnos solos viviendo con nuestra familia.
En medio de una reunión.
Rodeados de amigos.
O incluso dentro de una relación de pareja.
La soledad no depende únicamente de cuántas personas nos rodean.
Depende también de si sentimos que alguien nos comprende, nos escucha o comparte algo importante con nosotros.
El psicoanálisis considera que la soledad forma parte de la condición humana. Ninguna relación consigue eliminar completamente la distancia que existe entre una persona y otra. Sin embargo, esa misma distancia hace posible el encuentro, el deseo y la construcción de vínculos.
¿Por qué este tema nos afecta a todos?
Desde el momento en que nacemos dependemos de los demás para sobrevivir.
Necesitamos ser cuidados.
Escuchados.
Mirados.
Nombrados.
Nuestra identidad comienza a construirse precisamente en relación con otros.
Quizá por eso la posibilidad de quedar solos nos afecta tan profundamente.
No se trata únicamente de perder compañía.
También tememos dejar de ocupar un lugar importante para alguien.
Pero existe otra paradoja.
Aunque necesitamos a los demás, también necesitamos momentos de soledad.
Sin ellos sería imposible pensar, crear, descansar o descubrir quiénes somos más allá de las expectativas ajenas.
La cuestión no es eliminar la soledad.
Sino aprender a vivir con ella sin que se convierta en aislamiento.
¿Por qué nos cuesta estar solos?
Vivimos en una época en la que resulta difícil permanecer verdaderamente a solas.
Si aparece un instante de silencio, miramos el teléfono.
Ponemos música.
Encendemos la televisión.
Buscamos una conversación.
Revisamos las redes sociales.
Parece que cualquier vacío debe llenarse inmediatamente.
Sin embargo, muchas veces no escapamos del silencio.
Escapamos del encuentro con nosotros mismos.
Estar solos puede hacernos escuchar preguntas que normalmente permanecen ocultas.
¿Qué deseo realmente?
¿Estoy viviendo la vida que quiero?
¿Quién soy cuando nadie espera nada de mí?
No siempre resulta fácil convivir con esas preguntas.
La mirada del psicoanálisis
Freud mostró que nuestra vida psíquica se construye desde el comienzo en relación con los otros.
Los vínculos dejan una huella profunda que continúa influyendo mucho después.
Nunca somos completamente independientes.
Lacan llevó esta idea todavía más lejos.
El ser humano nace dentro del lenguaje, y eso significa que desde el principio dependemos de los otros para construir nuestra identidad.
Paradójicamente, esa dependencia nunca desaparece por completo.
Siempre existe una parte de nosotros que ningún otro puede conocer del todo.
Y siempre existe una parte del otro que también permanecerá inaccesible.
Por eso toda relación conserva una distancia imposible de eliminar.
Lejos de ser un fracaso, esa distancia hace posible el deseo, la conversación y el descubrimiento mutuo.
No estamos hechos para fusionarnos con los demás.
Estamos hechos para encontrarnos.
Un ejemplo cotidiano
Clara trabaja en una oficina rodeada de personas.
Habla constantemente con compañeros, clientes y amigos.
Cuando llega a casa, continúa respondiendo mensajes hasta altas horas de la noche.
Sin embargo, un día descubre algo que le sorprende.
Hace semanas que no mantiene una conversación en la que realmente pueda expresar cómo se siente.
Está permanentemente acompañada.
Y profundamente sola.
Poco a poco comienza a reservar pequeños momentos para sí misma.
Recupera una antigua afición.
Vuelve a escribir.
Y también aprende a buscar relaciones donde no solo haya compañía, sino verdadera escucha.
La cantidad de personas que la rodean apenas cambia.
Lo que cambia es la calidad del vínculo.
Algunas ideas equivocadas sobre la soledad
«Sentirse solo significa no tener a nadie.»
No siempre.
Es posible sentirse profundamente solo incluso estando rodeado de personas.
La soledad tiene más que ver con la calidad de los vínculos que con su cantidad.
«La soledad siempre es negativa.»
No.
Existen formas de soledad que favorecen la creatividad, el descanso y el conocimiento de uno mismo.
No toda soledad es aislamiento.
«Encontrar pareja eliminará la soledad.»
Ninguna relación puede llenar completamente el vacío de otra persona.
Esperar que alguien elimine toda nuestra soledad suele convertirse en una carga difícil de sostener para ambos.
«Quien disfruta estando solo no necesita a nadie.»
Poder estar solo no significa dejar de necesitar a los demás.
Significa haber descubierto que la propia compañía también puede resultar habitable.
¿Qué podemos aprender de la soledad?
La soledad nos recuerda que ninguna relación puede resolver por completo todas nuestras necesidades.
También nos enseña que aprender a estar con uno mismo constituye una parte importante de cualquier vínculo sano.
Quien no soporta su propia soledad corre el riesgo de convertir al otro en una solución permanente para un vacío que nadie puede llenar del todo.
El psicoanálisis no propone eliminar la soledad.
Propone reconocerla como una dimensión inevitable de la existencia y preguntarse qué hacemos con ella.
Porque precisamente desde ese espacio pueden surgir el deseo, la creatividad y la posibilidad de encontrarnos de una forma más auténtica con los demás.
Para seguir pensando
Quizá la verdadera pregunta no sea cómo dejar de estar solos.
Tal vez sea cómo aprender a habitar esa parte de nosotros que siempre permanecerá singular.
Porque ninguna persona puede vivir completamente aislada.
Pero tampoco puede dejar de ser, en cierto sentido, irrepetiblemente sola.
Y quizá sea precisamente esa combinación la que hace posible el encuentro con los demás sin dejar de ser uno mismo.
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