La resistencia al cambio
Cuando saber no es suficiente
Muchas personas llegan a un momento de su vida en el que comprenden perfectamente lo que les ocurre.
Saben que una relación les hace daño.
Saben que viven bajo una exigencia excesiva.
Saben que ciertos hábitos les perjudican.
Saben incluso qué deberían hacer para sentirse mejor.
Y, sin embargo, no cambian.
O cambian durante un tiempo y después vuelven al mismo lugar.
Esta experiencia suele generar frustración.
"Si sé lo que me pasa, ¿por qué sigo haciéndolo?"
La respuesta no siempre depende de la falta de voluntad.
A veces existe algo más profundo que dificulta el cambio.
El psicoanálisis llama a ese fenómeno resistencia.
No siempre queremos cambiar tanto como creemos
Cuando hablamos de resistencia no nos referimos simplemente a la pereza o a la falta de esfuerzo.
La resistencia aparece cuando una parte de nosotros desea cambiar mientras otra parte intenta conservar la situación actual.
Esto puede parecer contradictorio.
Pero la experiencia humana está llena de contradicciones.
Podemos desear una relación más sana y, al mismo tiempo, temer perder el vínculo que conocemos.
Podemos querer abandonar una posición de sufrimiento y sentir angustia ante lo desconocido.
Podemos buscar libertad y, a la vez, aferrarnos a aquello que nos limita.
Lo conocido también ofrece seguridad
Una de las razones por las que el cambio resulta difícil es que incluso las situaciones dolorosas pueden proporcionar cierta estabilidad.
Lo conocido tiene algo de tranquilizador.
Sabemos cómo movernos dentro de ello.
Sabemos qué esperar.
Sabemos quiénes somos allí.
Cambiar implica abandonar referencias familiares.
Aunque esas referencias produzcan sufrimiento.
Por eso muchas personas permanecen durante años en relaciones insatisfactorias, trabajos agotadores o formas de vida que ya no les hacen bien.
No porque disfruten de ello.
Sino porque lo desconocido también produce miedo.
El síntoma cumple una función
Desde fuera, algunos comportamientos parecen incomprensibles.
¿Por qué alguien repite siempre la misma elección de pareja?
¿Por qué vuelve una y otra vez a situaciones que le hacen sufrir?
¿Por qué mantiene hábitos que reconoce como perjudiciales?
El psicoanálisis propone que los síntomas no son simples errores.
Cumplen una función dentro de la economía psíquica del sujeto.
Pueden proteger de ciertas angustias.
Pueden sostener una identidad.
Pueden evitar conflictos más profundos.
Por eso eliminarlos no siempre resulta tan sencillo como parece.
Repetir no es casualidad
Freud observó que las personas tendían a repetir ciertas experiencias incluso cuando eran dolorosas.
No se trataba de una decisión consciente.
Algo empujaba a reproducir determinadas escenas.
Cambiaban los nombres.
Cambiaban los lugares.
Cambiaban las circunstancias.
Pero la estructura de fondo parecía mantenerse.
Una persona podía encontrarse una y otra vez con figuras autoritarias.
Otra podía repetir relaciones marcadas por la dependencia.
Otra podía quedar atrapada siempre en posiciones de sacrificio o culpa.
La repetición suele indicar que existe algo todavía no elaborado que continúa organizando la experiencia.
La resistencia no es un enemigo
A veces se presenta la resistencia como un obstáculo que debe ser derrotado.
Sin embargo, desde una perspectiva clínica, resulta más útil intentar comprenderla.
La resistencia suele señalar un punto sensible.
Algo que el sujeto todavía no puede abandonar fácilmente.
Algo que cumple una función importante, aunque también genere sufrimiento.
Por eso forzar los cambios raramente produce resultados duraderos.
Entender qué sostiene una determinada posición suele ser mucho más eficaz que intentar eliminarla por la fuerza.
Cuando el cambio produce angustia
Existe una idea intuitiva según la cual el bienestar debería resultar siempre atractivo.
Pero no siempre ocurre así.
Cambiar implica modificar la forma en que alguien se relaciona consigo mismo, con los demás y con su propia historia.
Eso puede generar incertidumbre.
Una persona acostumbrada a buscar constantemente aprobación puede sentirse extraña cuando empieza a actuar según sus propios criterios.
Alguien que siempre ha vivido cuidando de los demás puede sentirse culpable al comenzar a poner límites.
La angustia no aparece únicamente ante el peligro.
También puede aparecer ante la posibilidad de una transformación.
Saber y transformar son cosas distintas
Comprender intelectualmente un problema es importante.
Pero no siempre basta.
Muchas personas pueden explicar perfectamente el origen de ciertas dificultades y, aun así, seguir atrapadas en ellas.
La razón es que gran parte de nuestra vida psíquica no funciona únicamente mediante explicaciones racionales.
También intervienen afectos, identificaciones, deseos, temores y formas de relación profundamente arraigadas.
Por eso el cambio suele ser un proceso más lento y complejo de lo que imaginamos.
La resistencia en la vida cotidiana
No hace falta estar en terapia para observar la resistencia.
Aparece continuamente en situaciones comunes:
- cuando posponemos decisiones importantes,
- cuando repetimos discusiones similares,
- cuando volvemos a hábitos que queríamos abandonar,
- cuando evitamos conversaciones necesarias,
- cuando preferimos mantener una situación insatisfactoria antes que afrontar una incertidumbre.
La resistencia forma parte de la experiencia humana.
No es una anomalía.
Es una expresión de las fuerzas que buscan conservar cierta organización de nuestra vida psíquica.
Cambiar no significa empezar desde cero
A veces imaginamos el cambio como una ruptura total con el pasado.
Pero la mayoría de las transformaciones importantes ocurren de otra manera.
No consisten en borrar la propia historia.
Consisten en relacionarse de forma diferente con ella.
Una persona no deja de ser quien ha sido.
Pero puede dejar de repetir ciertas escenas de manera automática.
Puede adquirir una mayor libertad frente a determinadas identificaciones.
Puede descubrir nuevas formas de habitar su vida.
Escuchar aquello que se resiste
La resistencia suele ser interpretada como una señal de fracaso.
Sin embargo, también puede entenderse como una fuente de información.
Aquello que se resiste suele señalar algo importante.
Una pérdida temida.
Una identidad que se intenta conservar.
Una seguridad que cuesta abandonar.
Un conflicto todavía no resuelto.
Escuchar esos puntos de resistencia permite comprender mejor la lógica del propio sufrimiento.
El cambio como proceso
La transformación subjetiva raramente ocurre de forma instantánea.
Suele avanzar mediante pequeños desplazamientos.
Nuevas preguntas.
Nuevas formas de entender ciertas experiencias.
Nuevas maneras de relacionarse con uno mismo y con los demás.
La resistencia no desaparece por completo.
Pero puede dejar de gobernar silenciosamente la vida de una persona.
Y cuando eso ocurre, aparece algo valioso:
la posibilidad de elegir con mayor libertad caminos distintos a los que parecían inevitables.
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