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La libertad

Queremos sentir que elegimos nuestra vida, pero muchas de nuestras decisiones están atravesadas por deseos, miedos y condicionamientos que no siempre conocemos.

Intermedio 17 min
La libertad

La libertad

Introducción

Pocas palabras tienen un significado tan valioso como la libertad.

Todos queremos sentir que decidimos nuestra propia vida.

Elegir a quién amar.

En qué trabajar.

Dónde vivir.

Qué pensar.

Cómo queremos vivir.

Sin embargo, basta observarnos con un poco de atención para descubrir algo desconcertante.

Muchas de nuestras decisiones parecen menos libres de lo que imaginábamos.

Repetimos relaciones parecidas.

Volvemos a cometer los mismos errores.

Reaccionamos de formas que ni nosotros mismos comprendemos.

Y, a veces, terminamos preguntándonos:

¿Hasta qué punto elegimos realmente nuestra vida?

El psicoanálisis no responde a esta pregunta diciendo que la libertad sea una ilusión. Tampoco sostiene que podamos hacer cualquier cosa. Propone una idea más compleja: somos mucho menos libres de lo que creemos, pero podemos ampliar nuestra libertad cuando comprendemos aquello que, sin saberlo, dirige nuestras decisiones.


¿Por qué este tema nos afecta a todos?

Nos gusta pensar que somos dueños de nuestras elecciones.

Que elegimos a nuestras parejas por amor.

Nuestro trabajo por vocación.

Nuestros gustos porque simplemente nos gustan.

Y, sin duda, existe una parte de verdad en ello.

Pero también estamos influidos por nuestra historia.

Por la educación recibida.

Por la cultura.

Por el deseo de ser aceptados.

Por el miedo al rechazo.

Por experiencias que muchas veces ni siquiera recordamos.

La libertad no consiste en vivir al margen de todas esas influencias.

Consiste en reconocerlas para que no decidan completamente por nosotros.


¿Por qué a veces sentimos que no somos libres?

Hay personas que cambian repetidamente de pareja y terminan viviendo historias muy parecidas.

Otras abandonan proyectos justo cuando empiezan a funcionar.

Algunas sienten que nunca consiguen decir lo que realmente piensan.

O que siempre viven intentando satisfacer las expectativas de los demás.

Desde fuera parece que podrían actuar de otra manera.

Pero, para ellas, resulta extraordinariamente difícil.

No se trata únicamente de falta de voluntad.

Muchas veces existen conflictos internos que limitan su capacidad para elegir.

Y mientras esos conflictos permanecen inconscientes, es fácil sentir que la vida se repite casi sin que podamos evitarlo.


La mirada del psicoanálisis

Freud mostró que el ser humano no es completamente transparente para sí mismo.

Existe una dimensión inconsciente que participa en nuestras decisiones, nuestros deseos y nuestros síntomas.

Eso significa que no siempre sabemos por qué elegimos lo que elegimos.

Lacan llevó esta idea aún más lejos.

Nacemos dentro de un lenguaje, una familia y una cultura que existen antes que nosotros.

Somos hablados antes incluso de empezar a hablar.

Nuestra historia nos condiciona profundamente.

Pero estar condicionados no significa estar completamente determinados.

El trabajo analítico busca precisamente ampliar el margen de libertad del sujeto.

No eliminando su historia.

Sino ayudándole a reconocerla para dejar de repetirla de forma automática.

La libertad, desde esta perspectiva, no consiste en hacer cualquier cosa.

Consiste en poder responder de una manera menos sometida a aquello que nos gobierna sin que lo sepamos.


Un ejemplo cotidiano

Ana siempre dice que quiere relaciones tranquilas.

Sin embargo, una y otra vez termina enamorándose de personas emocionalmente inaccesibles.

Cada nueva historia comienza con la promesa de que esta vez será diferente.

Y cada una termina de forma parecida.

Durante mucho tiempo piensa que simplemente ha tenido mala suerte.

En un proceso de análisis empieza a descubrir que esas elecciones no eran casuales.

Había una forma conocida de relacionarse que repetía sin darse cuenta.

Comprenderlo no hace desaparecer inmediatamente el problema.

Pero, poco a poco, comienza a elegir desde un lugar diferente.

No porque ahora tenga un control absoluto sobre su vida.

Sino porque entiende mejor aquello que antes decidía por ella.


Algunas ideas equivocadas sobre la libertad

«Ser libre significa hacer siempre lo que me apetece.»

Nuestros impulsos también pueden esclavizarnos.

La libertad no consiste en obedecer cualquier deseo inmediato, sino en comprender qué lugar ocupa ese deseo en nuestra vida.

«Si estoy condicionado por mi historia, entonces no soy libre.»

Nuestra historia influye profundamente en nosotros.

Pero conocerla puede abrir nuevas posibilidades.

Comprender los propios condicionamientos amplía el margen de elección.

«Las personas completamente libres no tienen conflictos.»

Los conflictos forman parte de la condición humana.

La libertad no consiste en eliminarlos, sino en poder relacionarnos con ellos de una manera más consciente.

«La libertad consiste en no depender de nadie.»

Los seres humanos vivimos siempre en relación con otros.

La verdadera libertad no exige aislamiento.

Exige construir vínculos que no anulen nuestro deseo ni nuestra capacidad de decidir.


¿Qué podemos aprender de la libertad?

Quizá nunca lleguemos a ser completamente libres.

Siempre existirán límites.

Nuestra historia.

Nuestro cuerpo.

El paso del tiempo.

Las circunstancias de la vida.

Pero eso no significa que todas nuestras decisiones estén escritas de antemano.

El psicoanálisis no promete una libertad absoluta.

Propone algo quizá más valioso.

La posibilidad de dejar de vivir únicamente repitiendo aquello que desconocemos de nosotros mismos.

Porque cuanto más comprendemos nuestra historia, nuestros deseos y nuestras contradicciones, mayor capacidad tenemos para decidir qué queremos hacer con ellos.

Y esa pequeña diferencia puede cambiar profundamente una vida.


Para seguir pensando

A menudo imaginamos la libertad como la ausencia de límites.

Tal vez sea justamente al revés.

Quizá la libertad comience cuando dejamos de luchar contra aquello que no podemos cambiar y empezamos a reconocer aquello que sí depende de nosotros.

No elegimos dónde nacemos.

Ni la familia que nos recibe.

Ni muchas de las experiencias que nos marcan.

Pero sí podemos preguntarnos qué lugar queremos ocupar frente a esa historia.

Y quizá esa pregunta, más que cualquier respuesta definitiva, sea una de las formas más profundas de la libertad.

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