¿Por qué a veces somos incapaces de hacer aquello que queremos?
Todos hemos vivido situaciones como estas.
Queremos hablar en público y las palabras no salen.
Nos sentamos delante del ordenador para empezar un trabajo importante y somos incapaces de escribir una sola línea.
Sabemos que deberíamos llamar a una persona, pero aplazamos la llamada una y otra vez.
Queremos estudiar, conducir, salir de casa o simplemente tomar una decisión... y algo parece detenernos.
Desde fuera puede parecer falta de voluntad.
Desde dentro, la experiencia es muy distinta.
No es que no queramos.
Es que, por alguna razón que ni siquiera comprendemos, no podemos.
El psicoanálisis llama inhibición a muchas de estas situaciones.
Y propone una idea sorprendente.
A veces aquello que nos bloquea no es un enemigo del deseo.
Es una manera de protegernos de algo que todavía no podemos afrontar.
La inhibición no es simplemente pereza
En el lenguaje cotidiano solemos utilizar palabras como:
"Estoy bloqueado."
"No me sale."
"Me he quedado paralizado."
Con frecuencia interpretamos estas situaciones como un problema de actitud.
Pensamos que bastaría con esforzarnos un poco más.
Sin embargo, muchas personas desean sinceramente hacer algo y, aun así, experimentan una imposibilidad que escapa completamente a su voluntad.
No se trata de falta de inteligencia.
Ni de falta de interés.
Ni de comodidad.
Existe un obstáculo cuya causa no siempre resulta evidente.
Freud: cuando el yo limita su propia capacidad
Freud dedicó un libro completo a estudiar la relación entre la inhibición, el síntoma y la angustia.
Observó que la inhibición consiste en una limitación de alguna función del yo.
Una persona puede dejar de estudiar.
Otra puede dejar de escribir.
Otra puede perder la capacidad para disfrutar de aquello que antes le apasionaba.
No porque esa capacidad haya desaparecido.
Sino porque utilizarla despierta un conflicto inconsciente.
En ese sentido, la inhibición funciona como una especie de freno.
El yo restringe una actividad para evitar un sufrimiento mayor.
No siempre sabemos qué estamos evitando
Lo más llamativo es que el sujeto rara vez conoce el motivo de esa limitación.
Una estudiante brillante comienza a suspender justo antes de terminar la carrera.
Un músico deja de tocar cuando empieza a recibir reconocimiento.
Una persona evita iniciar relaciones afectivas aunque desee profundamente compartir su vida con alguien.
Desde fuera parecen decisiones absurdas.
Pero el psicoanálisis invita a formular otra pregunta.
¿Qué hace posible esa inhibición?
¿Qué conflicto evita?
¿Qué temor protege?
La respuesta nunca es igual para todos.
Cada historia posee su propia lógica.
La inhibición protege... aunque tenga un precio
Podría parecer extraño pensar que un bloqueo tenga alguna utilidad.
Sin embargo, muchas veces cumple una función.
Imaginemos a alguien que teme profundamente decepcionar a los demás.
Mientras no termine su novela, nadie podrá juzgarla.
Mientras no se presente al examen, nunca comprobará si realmente fracasa.
Mientras no declare su amor, evitará el riesgo del rechazo.
La inhibición protege del sufrimiento.
Pero también impide vivir.
Es una solución.
Aunque sea una solución costosa.
Inhibición, síntoma y angustia no son lo mismo
Freud distinguió cuidadosamente estos tres conceptos.
La inhibición consiste en dejar de poder hacer algo.
El síntoma representa una formación del inconsciente que expresa un conflicto mediante un compromiso.
La angustia, por su parte, aparece como una señal que advierte de un peligro psíquico.
Las tres pueden aparecer juntas.
Pero no significan lo mismo.
Una persona puede sufrir una fuerte inhibición sin presentar un síntoma evidente.
Otra puede tener un síntoma obsesivo y desarrollar pocas inhibiciones.
Comprender estas diferencias resulta fundamental para entender la clínica psicoanalítica.
Lacan: la inhibición también habla del deseo
Lacan retomó las ideas de Freud y las llevó un paso más allá.
Para él, la inhibición no consiste únicamente en una dificultad para actuar.
También revela la posición que ocupa el sujeto frente a su propio deseo.
Muchas veces no sabemos qué deseamos realmente.
O descubrimos que nuestro deseo entra en conflicto con aquello que creemos que deberíamos querer.
Entonces aparece el bloqueo.
No porque el cuerpo falle.
Sino porque el sujeto queda atrapado entre diferentes exigencias.
La inhibición señala ese lugar donde el deseo encuentra un obstáculo.
Un ejemplo cotidiano
Imaginemos a una profesora que lleva años preparando una oposición.
Conoce perfectamente el temario.
Ha estudiado durante meses.
Sin embargo, cada vez que se acerca la fecha del examen deja de estudiar durante varios días.
Se distrae.
Ordena la casa.
Encuentra cualquier excusa para no sentarse delante de los apuntes.
Ella misma se desespera.
No entiende por qué hace eso.
Podría pensar que simplemente procrastina.
El psicoanálisis no niega esa conducta.
Pero pregunta algo más.
¿Qué representa aprobar?
¿Qué cambiaría en su vida?
¿Qué perdería además de lo que ganaría?
A veces el verdadero conflicto no está en el examen.
Está en todo aquello que el examen significa para esa persona.
Superar una inhibición no consiste en obligarse
Hoy abundan los mensajes que invitan a vencer cualquier bloqueo mediante fuerza de voluntad.
"Sal de tu zona de confort."
"No pongas excusas."
"Tú puedes."
En ocasiones esos consejos ayudan.
Pero cuando la inhibición tiene raíces inconscientes, simplemente aumentar la exigencia suele producir más frustración.
Porque el conflicto continúa ahí.
El objetivo del análisis no consiste en empujar al sujeto.
Consiste en comprender qué función cumple esa limitación.
Solo entonces puede comenzar a transformarse.
La inhibición puede desaparecer... o dejar de ser necesaria
Cuando una persona comprende mejor la lógica de aquello que la detenía, muchas veces ocurre algo curioso.
No necesita luchar contra la inhibición.
Simplemente deja de sostenerla.
Lo que antes parecía imposible empieza a resultar posible.
No porque haya aprendido una técnica especial.
Sino porque ya no necesita protegerse del mismo modo.
No siempre sucede rápidamente.
Pero muestra que muchas limitaciones no eran simples defectos del carácter.
Respondían a una historia.
Y, como toda historia, podían empezar a escribirse de otra manera.
Quédate con esto
La inhibición no es simplemente una falta de voluntad ni un problema de actitud.
Desde el psicoanálisis constituye una forma mediante la cual el sujeto limita sus propias posibilidades para protegerse de un conflicto inconsciente.
Comprender qué función cumple ese bloqueo resulta mucho más útil que combatirlo ciegamente.
Porque, muchas veces, aquello que nos impide avanzar también está intentando decir algo sobre nuestra historia y sobre nuestro deseo.
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