La falta
¿Qué significa realmente "la falta"?
Cuando oímos la palabra falta, solemos pensar en algo negativo.
Creemos que significa que nos falta una cualidad, una persona, un objeto o una capacidad que nos haría completos.
Sin embargo, en el psicoanálisis de Lacan la falta tiene un significado muy diferente.
No se trata de una carencia accidental.
Se trata de una condición estructural del ser humano.
No nacemos completos para perder algo después.
Nos constituimos precisamente alrededor de una falta.
Y es esa falta la que hace posible el deseo.
Antes del lenguaje no existe la falta
El recién nacido experimenta sensaciones corporales: hambre, frío, sueño o malestar.
Pero todavía no puede pensar que le falta algo.
Simplemente vive esas experiencias.
Es la entrada en el lenguaje la que transforma esas vivencias en una relación con la ausencia.
A partir de ese momento aparecen palabras como:
"Quiero."
"No está."
"Lo necesito."
"Lo echo de menos."
La falta nace junto con el mundo simbólico.
El lenguaje nunca puede decirlo todo
¿Por qué ocurre esto?
Porque ninguna palabra consigue capturar completamente la realidad.
Siempre queda algo fuera.
Cuando intentamos describir una emoción, una experiencia o una persona, descubrimos que las palabras nunca alcanzan del todo aquello que queremos expresar.
El lenguaje organiza nuestra experiencia.
Pero también introduce una distancia entre nosotros y las cosas.
Esa distancia es una de las formas de la falta.
La falta no es un error
Muchas personas viven intentando eliminar cualquier sensación de vacío.
Piensan:
"Cuando consiga ese trabajo..."
"Cuando encuentre pareja..."
"Cuando tenga dinero..."
"Cuando me comprendan..."
...entonces seré completamente feliz.
Pero una y otra vez descubren que la sensación reaparece.
No porque hayan elegido mal.
Sino porque la falta no puede eliminarse.
Forma parte de la estructura misma del sujeto.
La falta hace posible el deseo
Si estuviéramos completamente satisfechos, dejaríamos de desear.
No buscaríamos aprender.
No amaríamos.
No crearíamos.
No imaginaríamos futuros diferentes.
El deseo existe precisamente porque nunca alcanzamos una satisfacción definitiva.
Por eso Lacan no entiende la falta como un problema que deba resolverse.
La considera el motor mismo de la vida psíquica.
La falta también está en el Otro
Durante la infancia solemos imaginar que quienes nos cuidan lo saben todo.
Parecen capaces de responder a cualquier pregunta y satisfacer cualquier necesidad.
Con el tiempo descubrimos que también ellos dudan.
También se equivocan.
También desean.
También les falta algo.
Ese descubrimiento es fundamental.
Porque permite dejar de vivir esperando que exista alguien capaz de completar nuestra vida.
Nadie ocupa ese lugar.
Ni siquiera el Otro.
¿Qué relación tiene con la castración simbólica?
La castración simbólica consiste precisamente en aceptar que no existe una plenitud absoluta.
No hay un objeto capaz de colmar definitivamente el deseo.
No existe una respuesta perfecta.
Aceptar ese límite no empobrece la vida.
La hace posible.
Porque deja espacio para seguir deseando.
¿Y el objeto a?
Lacan llama objeto a a aquello que parece prometer la satisfacción de esa falta.
No es un objeto cualquiera.
Es la causa del deseo.
Nos impulsa a buscar, imaginar y crear.
Pero nunca elimina la falta estructural.
Precisamente por eso el deseo continúa desplazándose de un objeto a otro.
Vivir con la falta
Aceptar la falta no significa vivir frustrado.
Significa comprender que la vida humana nunca está completamente cerrada.
Siempre queda algo por descubrir.
Algo por aprender.
Algo por amar.
Algo por crear.
La falta no es el enemigo del sujeto.
Es el espacio desde el que el sujeto puede seguir construyéndose.
Quédate con esto
- La falta no es una carencia accidental, sino una condición estructural del ser humano.
- Surge con la entrada en el lenguaje y la constitución del sujeto.
- Ningún objeto puede eliminar completamente esa falta.
- Precisamente por existir la falta nace el deseo.
- La castración simbólica consiste en aceptar que esa falta forma parte de la condición humana.
- El objeto a no llena la falta, sino que mantiene vivo el deseo.
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