Buscar en Psicoanálisis

Busca artículos, temas o términos del glosario.

← Volver a artículos

La esperanza

Esperar no siempre significa permanecer inmóviles. A veces es la forma que adopta el deseo.

Intermedio 15 min
La esperanza

La esperanza

Introducción

Hay algo que nos permite seguir adelante incluso cuando las circunstancias parecen decir lo contrario.

No elimina el dolor.

No garantiza que todo vaya a salir bien.

No cambia la realidad de un día para otro.

Y, sin embargo, hace posible levantarse una vez más.

A eso solemos llamarlo esperanza.

La esperanza aparece cuando atravesamos una enfermedad, una pérdida, un fracaso o un momento de incertidumbre.

También está presente en los pequeños gestos cotidianos: cuando comenzamos un proyecto, iniciamos una relación o simplemente hacemos planes para el futuro.

Esperar significa creer que todavía es posible algo distinto.

El psicoanálisis no entiende la esperanza como un optimismo ingenuo ni como una negación de las dificultades. La considera una forma de mantener abierto el deseo incluso cuando la realidad parece cerrarnos todos los caminos.


¿Por qué este tema nos afecta a todos?

Vivimos orientados hacia el futuro.

Hacemos planes.

Tomamos decisiones.

Sembramos proyectos cuyos resultados veremos dentro de meses o incluso años.

Gran parte de nuestra vida se sostiene sobre la idea de que lo que hagamos hoy tendrá algún sentido mañana.

Sin esperanza sería difícil estudiar, trabajar, cuidar de otros o construir una familia.

Pero la esperanza no aparece únicamente en los grandes momentos.

También se encuentra en las pequeñas decisiones de cada día.

Cuando llamamos a alguien esperando reconciliarnos.

Cuando enviamos un currículum.

Cuando iniciamos un tratamiento.

Cuando comenzamos de nuevo después de un fracaso.

En todos esos casos existe una apuesta por el futuro.


¿Por qué nos cuesta mantener la esperanza?

Hay épocas en las que el futuro parece cerrarse.

Después de varias decepciones podemos empezar a creer que nada cambiará.

Que cualquier esfuerzo será inútil.

Que ya es demasiado tarde.

En esos momentos resulta tentador protegernos dejando de esperar.

Si no esperamos nada, pensamos, tampoco podremos decepcionarnos.

Sin embargo, renunciar completamente a la esperanza tiene un precio muy alto.

Porque cuando dejamos de esperar, también dejamos poco a poco de desear.

Y una vida sin deseo termina convirtiéndose en una existencia vivida por inercia.


La mirada del psicoanálisis

Freud mostró que el ser humano vive impulsado por deseos que nunca llegan a satisfacerse del todo.

Esa falta permanente no constituye un defecto.

Forma parte de nuestra manera de existir.

Lacan desarrolló esta idea afirmando que el deseo siempre permanece abierto.

Nunca alcanzamos una plenitud definitiva.

Lejos de ser una condena, esa incompletud es precisamente la que mantiene la vida en movimiento.

Desde esta perspectiva, la esperanza no consiste en creer que algún día desaparecerán todas nuestras carencias.

Consiste en seguir apostando por el deseo a pesar de ellas.

No espera una vida perfecta.

Espera la posibilidad de seguir construyendo una vida propia.


Un ejemplo cotidiano

Después de varios meses buscando trabajo sin éxito, Elena comienza a perder la confianza.

Cada nuevo rechazo parece confirmar que nada cambiará.

Piensa en dejar de enviar currículums.

Una mañana, casi por rutina, responde a una oferta más.

No lo hace porque esté convencida de que esta vez funcionará.

Lo hace porque todavía queda una pequeña parte de ella que no ha renunciado por completo.

Semanas después consigue una entrevista.

Y, aunque el resultado podría haber sido distinto, descubre algo importante.

La esperanza no apareció cuando recibió la llamada.

Había estado presente mucho antes, en el gesto aparentemente sencillo de volver a intentarlo.


Algunas ideas equivocadas sobre la esperanza

«Tener esperanza significa pensar que todo saldrá bien.»

No.

La esperanza no garantiza el éxito.

Permite seguir actuando incluso cuando el resultado todavía es incierto.

«La esperanza es una forma de engañarse.»

Esperar no significa negar la realidad.

Significa reconocer las dificultades sin dar por cerrado el futuro.

«Las personas fuertes no necesitan esperanza.»

Precisamente porque conocen las dificultades, muchas personas encuentran en la esperanza la fuerza necesaria para seguir adelante.

No nace de la ingenuidad.

Nace de la capacidad de continuar.

«Cuando pierdo la esperanza, ya no hay nada que hacer.»

Hay momentos en los que todos sentimos que el futuro se oscurece.

Eso no significa que la esperanza haya desaparecido para siempre.

A veces necesita tiempo, palabras o la presencia de otros para volver a encontrar un lugar.


¿Qué podemos aprender de la esperanza?

La esperanza nos recuerda que el futuro nunca está completamente escrito.

También nos enseña que vivir implica seguir apostando por algo que todavía no existe.

Cada proyecto comienza siendo únicamente una posibilidad.

Cada relación nace sin garantías.

Cada decisión importante abre un camino cuyo final desconocemos.

El psicoanálisis no invita a esperar pasivamente que las cosas cambien.

Invita a preguntarnos qué lugar ocupa nuestro deseo y qué estamos dispuestos a hacer para sostenerlo.

Porque la esperanza no consiste únicamente en confiar.

Consiste también en actuar.


Para seguir pensando

Quizá la esperanza no sea creer que todo acabará bien.

Tal vez sea algo más sencillo y, al mismo tiempo, más profundo.

La capacidad de seguir deseando incluso cuando la realidad nos obliga a reconocer sus límites.

Porque vivir nunca ha significado tener certezas absolutas.

Ha significado caminar hacia un futuro que siempre permanece abierto.

Y quizá sea precisamente esa apertura la que hace posible que cada mañana volvamos a empezar.

¿Quieres comentar este artículo?

Puedes enviarme una reflexión, duda o sugerencia. No se publicará automáticamente.