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La dirección de la cura

Por qué el analista no dirige la vida del paciente, sino el proceso que permite al sujeto descubrir su propia posición frente al deseo.

Avanzado 18 min
La dirección de la cura

La dirección de la cura

El analista no dirige al paciente, dirige el proceso

Una de las ideas más extendidas sobre el psicoanálisis consiste en pensar que el analista escucha los problemas del paciente y le dice qué debería hacer.

Sin embargo, esa no es la manera en que entiende su trabajo el psicoanálisis.

Jacques Lacan afirmó que el analista no dirige la vida del paciente. No decide por él, no le indica el camino correcto ni ocupa el lugar de quien posee todas las respuestas.

Lo que dirige es la cura, es decir, el proceso mediante el cual el sujeto puede descubrir algo nuevo acerca de su propio deseo.

La diferencia parece pequeña.

En realidad cambia completamente la forma de entender una terapia.


¿Qué significa dirigir una cura?

Cuando hablamos de "dirección", no nos referimos a controlar.

Tampoco a imponer un objetivo previamente establecido.

Dirigir una cura significa orientar el proceso analítico para que el inconsciente pueda desplegarse y el sujeto encuentre una posición diferente respecto a aquello que le hace sufrir.

El analista no sabe de antemano cuál será el resultado.

Cada análisis es único.

Por eso la dirección de la cura consiste en acompañar un recorrido singular, no en aplicar un método idéntico para todos.


El analista no ocupa el lugar del que sabe

Muchas personas llegan al análisis esperando una respuesta.

Quieren que alguien les diga:

Pero si el analista respondiera directamente a todas esas preguntas, ocuparía el lugar del que sabe quién es el paciente y qué necesita.

Lacan considera que esa posición impediría precisamente el trabajo analítico.

El objetivo no consiste en sustituir el saber del paciente por el saber del analista.

Consiste en crear las condiciones para que el propio sujeto pueda descubrir aquello que desconoce de sí mismo.


Escuchar más allá de las palabras

Durante una sesión, el analista no presta atención únicamente al contenido de lo que se dice.

También escucha:

Con frecuencia es precisamente ahí donde aparece el inconsciente.

La dirección de la cura consiste en saber cuándo intervenir y cuándo callar para que ese proceso pueda continuar.


La transferencia como brújula

Uno de los elementos fundamentales del análisis es la transferencia.

El paciente atribuye al analista un determinado lugar.

Puede verlo como alguien que sabe, como una figura de autoridad, como alguien que juzga o incluso como alguien al que desea agradar.

El analista no intenta eliminar la transferencia.

La utiliza como una vía para comprender cómo el sujeto organiza sus relaciones con los demás.

La transferencia se convierte así en una brújula que orienta el trabajo analítico.


La interpretación no consiste en explicarlo todo

Existe otra idea muy extendida.

Se piensa que el analista interpreta continuamente todo lo que dice el paciente.

En realidad ocurre lo contrario.

Las interpretaciones son escasas y buscan producir un efecto preciso.

No pretenden explicar toda la vida del sujeto.

Muchas veces una pregunta, una pausa o incluso un silencio pueden tener más fuerza que una larga explicación.

La interpretación no añade sentido.

Con frecuencia abre una pregunta nueva.


Un ejemplo cotidiano

Una persona pregunta al analista:

—¿Usted cree que debería separarme?

Sería muy sencillo responder:

—Sí.

O bien:

—No.

Sin embargo, cualquiera de esas respuestas resolvería el problema desde el punto de vista del analista, no desde el del paciente.

En lugar de decidir por él, el analista puede devolver la pregunta:

—¿Qué cree usted que le impide tomar esa decisión?

De repente, la conversación deja de centrarse en la respuesta correcta y comienza a explorar aquello que mantiene al sujeto atrapado en su conflicto.

Ese cambio de dirección constituye una parte esencial del trabajo analítico.


La aportación de Lacan

En su texto La dirección de la cura y los principios de su poder, Lacan reformuló profundamente la práctica analítica.

Mostró que el poder del analista no consiste en dirigir la vida del paciente.

Su función es ocupar una posición que permita al inconsciente desplegarse.

El analista renuncia a convertirse en un maestro que transmite respuestas.

Su tarea consiste en sostener un espacio donde el sujeto pueda producir un saber nuevo acerca de sí mismo.


¿Cuál es el objetivo de una cura?

El objetivo del análisis no es fabricar personas perfectamente adaptadas.

Tampoco eliminar cualquier forma de sufrimiento.

Lo que busca es que el sujeto pueda reconocer la lógica que organiza su deseo, comprender la función de sus síntomas y encontrar una manera diferente de relacionarse con ellos.

Cuando esto ocurre, muchas decisiones dejan de depender únicamente de la repetición inconsciente.

El sujeto adquiere un margen mayor de libertad.


En resumen

La dirección de la cura no consiste en dirigir la vida del paciente.

Consiste en orientar el proceso analítico para que el inconsciente pueda desplegarse y el sujeto descubra su propia posición frente al deseo.

El analista no ocupa el lugar del que sabe todas las respuestas.

Escucha, interviene y sostiene la transferencia para que sea el propio sujeto quien pueda construir un saber nuevo acerca de sí mismo.

Por eso, en psicoanálisis, dirigir una cura no significa conducir a alguien hacia un destino prefijado, sino hacer posible un recorrido singular que ninguna otra persona puede realizar en su lugar.

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