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La compulsión de repetición

Por qué a veces volvemos una y otra vez a situaciones que nos hacen sufrir.

Intermedio 12 min
La compulsión de repetición

La compulsión de repetición

¿Por qué siempre me pasa lo mismo?

Hay personas que se hacen una pregunta una y otra vez.

¿Por qué termino siempre en relaciones parecidas?

¿Por qué vuelvo a discutir por los mismos motivos?

¿Por qué repito errores que ya conozco perfectamente?

¿Por qué parece que ciertos problemas regresan aunque intente evitarlos?

A veces cambian las circunstancias.

Cambian los lugares.

Cambian las personas.

Pero algo de la situación parece mantenerse.

Como si existiera una lógica invisible que empujara al sujeto hacia escenas conocidas.

Freud llamó a este fenómeno compulsión de repetición.


Cuando aprender de la experiencia no basta

Tendemos a pensar que las personas aprenden de sus errores.

Que el sufrimiento sirve para evitar repetir determinadas situaciones.

Y muchas veces es así.

Pero Freud observó algo sorprendente.

En ocasiones los seres humanos repiten experiencias dolorosas incluso cuando ya conocen sus consecuencias.

No se trata simplemente de una mala decisión.

Ni de falta de inteligencia.

Ni de ignorancia.

Parece existir algo que empuja a volver una y otra vez sobre ciertos caminos.


Repetir no significa copiar

La repetición rara vez aparece de forma idéntica.

No solemos reproducir exactamente la misma escena.

Lo que se repite es una estructura.

Una posición.

Una forma de relacionarse.

Un conflicto.

Una expectativa.

Por ejemplo, alguien puede elegir parejas muy diferentes entre sí y, sin embargo, terminar viviendo siempre el mismo tipo de relación.

Otra persona puede cambiar varias veces de trabajo y encontrarse repetidamente con problemas similares.

La repetición suele esconderse detrás de formas aparentemente distintas.


La fuerza de lo conocido

Una de las razones por las que repetimos ciertas experiencias es que forman parte de nuestra manera habitual de estar en el mundo.

Aunque generen sufrimiento.

Aunque limiten nuestras posibilidades.

Aunque conscientemente deseemos alejarnos de ellas.

Lo conocido posee una fuerza especial.

Nos resulta familiar.

Sabemos movernos dentro de ello.

Incluso cuando no nos hace bien.

Por eso abandonar ciertas formas de relación puede producir tanta incertidumbre.


El pasado en el presente

La repetición no consiste simplemente en recordar el pasado.

Consiste en volver a ponerlo en juego.

Experiencias antiguas.

Modos de vincularse.

Expectativas afectivas.

Formas de responder a los conflictos.

Todo ello puede reaparecer en situaciones actuales.

A menudo sin que el sujeto sea plenamente consciente de ello.

Por eso el pasado no permanece únicamente detrás de nosotros.

También continúa actuando en el presente.


La repetición en los vínculos

Las relaciones humanas son uno de los lugares donde la repetición se vuelve más visible.

Una persona puede sentirse atraída repetidamente por perfiles similares.

Otra puede ocupar siempre el papel de quien cuida.

Otra puede encontrarse constantemente en posiciones de dependencia o sacrificio.

No porque lo haya elegido deliberadamente.

Sino porque ciertas formas de relación han adquirido una fuerza inconsciente.

La repetición intenta reconstruir algo que todavía sigue activo dentro de la historia subjetiva.


La transferencia como escenario

Freud descubrió que la repetición aparecía también dentro del tratamiento psicoanalítico.

Los pacientes no sólo recordaban experiencias importantes.

Las reproducían.

Determinados conflictos se actualizaban en la relación con el analista.

Este fenómeno recibió el nombre de transferencia.

La transferencia muestra que muchas veces no nos limitamos a hablar de nuestra historia.

La volvemos a vivir.


¿Por qué repetimos lo que nos hace sufrir?

Esta es probablemente la pregunta más difícil.

La respuesta no es única.

A veces la repetición intenta resolver algo que quedó pendiente.

A veces busca una forma diferente de desenlace.

A veces conserva una manera conocida de relacionarse con el deseo, el amor o el reconocimiento.

Y a veces simplemente mantiene una organización psíquica que resulta difícil abandonar.

Lo importante es comprender que la repetición suele tener una lógica, aunque no sea evidente.


Repetición y síntoma

Muchos síntomas pueden entenderse como formas de repetición.

No necesariamente porque reproduzcan un acontecimiento concreto.

Sino porque mantienen una determinada posición subjetiva.

Una persona puede repetir una misma forma de sufrir.

Una misma forma de exigirse.

Una misma forma de fracasar.

Una misma forma de sentirse culpable.

La repetición aparece entonces como una especie de guion que continúa representándose bajo distintas variantes.


Reconocer el patrón

Salir de una repetición no suele consistir en tomar una decisión aislada.

Tampoco en hacer un simple esfuerzo de voluntad.

El primer paso suele ser reconocer el patrón.

Observar aquello que regresa.

Las situaciones.

Las emociones.

Los vínculos.

Las expectativas.

Las frases que se repiten.

Aquello que aparece una y otra vez en distintos momentos de la vida.


Más allá de la repetición

Comprender una repetición no significa eliminarla de inmediato.

Pero sí permite adquirir una posición diferente frente a ella.

Lo que antes parecía una fatalidad comienza a mostrar una lógica.

Lo que parecía simple mala suerte revela una estructura.

Y cuando esa estructura se vuelve visible, aparece una posibilidad nueva.

La posibilidad de no quedar completamente atrapado dentro de ella.


La libertad no consiste en olvidar

A veces imaginamos la libertad como una ruptura total con el pasado.

Pero las transformaciones importantes suelen ocurrir de otro modo.

No consisten en borrar la propia historia.

Consisten en dejar de repetirla automáticamente.

La compulsión de repetición muestra que una parte de nosotros tiende a volver sobre caminos conocidos.

Comprender ese movimiento no elimina todas las repeticiones.

Pero permite abrir un espacio desde el que elegir algo diferente.

Y ese pequeño espacio puede cambiar profundamente una vida.

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