El sujeto supuesto saber
La suposición que pone en marcha un análisis
¿Por qué una persona decide acudir a un psicoanalista?
La respuesta parece evidente: porque piensa que el analista sabe algo que puede ayudarla.
Sin embargo, Jacques Lacan dio un giro sorprendente a esta idea.
El análisis no comienza porque el analista posea realmente un saber sobre el paciente, sino porque el paciente supone que ese saber existe.
A esa posición Lacan la llamó sujeto supuesto saber.
No se trata de una persona concreta, sino del lugar que ocupa el analista dentro de la transferencia.
Comprender este concepto permite entender por qué un análisis puede producir efectos sin que el analista se convierta en un maestro que explica la vida del paciente.
¿Qué significa "sujeto supuesto saber"?
La expresión puede parecer extraña.
No significa que el analista sea un sabio.
Tampoco que conozca de antemano la historia o la verdad del paciente.
Significa que el paciente le atribuye un saber acerca de aquello que le ocurre.
Piensa que el analista puede comprender el sentido de sus síntomas, de sus sueños, de sus repeticiones o de su sufrimiento.
Esa atribución no describe una realidad objetiva.
Es una suposición.
Y precisamente esa suposición hace posible el trabajo analítico.
¿Por qué necesitamos suponer ese saber?
Cuando algo nos hace sufrir buscamos a alguien que pueda orientarnos.
Consultamos a un médico porque suponemos que sabe interpretar nuestros síntomas.
Preguntamos a un profesor porque suponemos que conoce la materia.
En el análisis ocurre algo parecido, aunque con una diferencia fundamental.
El paciente llega pensando que el analista sabe algo sobre él que él mismo desconoce.
Gracias a esa creencia comienza a hablar.
Empieza a recordar.
A asociar ideas.
A contar sueños.
A formular preguntas que nunca antes se había planteado.
La suposición de saber pone en movimiento el inconsciente.
La relación con la transferencia
El sujeto supuesto saber constituye el núcleo de la transferencia.
El paciente no habla simplemente porque haya alguien escuchando.
Habla porque atribuye a ese otro un lugar especial.
Supone que sus palabras tienen importancia.
Que alguien podrá escucharlas de una manera diferente.
Que existe un sentido todavía desconocido.
Sin esa suposición, la transferencia difícilmente podría desarrollarse.
Por eso Lacan considera que el sujeto supuesto saber no es un efecto secundario del análisis.
Es una de sus condiciones de posibilidad.
¿El analista realmente sabe?
Esta es la pregunta decisiva.
La respuesta de Lacan resulta sorprendente.
No en el sentido en que el paciente imagina.
El analista no conoce de antemano la verdad del sujeto.
No posee un manual capaz de explicar cada síntoma.
No interpreta automáticamente todo lo que escucha.
Su función consiste precisamente en no ocupar completamente ese lugar de saber.
Si respondiera a todas las preguntas como quien posee la verdad, impediría que el paciente pudiera construir un saber propio.
El análisis no consiste en transmitir conocimientos.
Consiste en hacer posible un descubrimiento.
Cuando el saber cambia de lugar
Al comienzo del análisis, el saber parece pertenecer al analista.
Con el paso del tiempo ocurre algo importante.
El paciente empieza a descubrir que muchas respuestas estaban ya presentes en sus propias palabras.
No las veía.
No podía escucharlas.
Pero aparecían una y otra vez en sus sueños, en sus lapsus, en sus síntomas y en sus repeticiones.
El saber no desaparece.
Simplemente cambia de lugar.
Deja de estar supuesto en el analista para comenzar a construirse en el propio sujeto.
Un ejemplo cotidiano
Imaginemos a una persona que acude a análisis diciendo:
—No entiendo por qué siempre termino eligiendo parejas que me hacen sufrir.
Durante las primeras sesiones espera que el analista le explique la causa.
Sin embargo, este apenas formula algunas preguntas y señala ciertas repeticiones.
Poco a poco la persona empieza a reconocer aspectos de su propia historia que nunca había relacionado con esas elecciones.
La explicación no llega desde fuera.
Va apareciendo en su propio discurso.
Lo que parecía ser el saber del analista termina convirtiéndose en un saber construido por el propio sujeto.
La aportación de Lacan
Con el concepto de sujeto supuesto saber, Lacan reformuló profundamente la transferencia.
Mostró que el analista no necesita ocupar el lugar del experto que posee todas las respuestas.
Lo decisivo es la posición que el paciente le atribuye.
Esa suposición permite que el inconsciente se despliegue y que el sujeto produzca un saber nuevo sobre sí mismo.
El trabajo analítico consiste precisamente en acompañar ese proceso sin apropiarse de él.
¿Qué ocurre al final de un análisis?
A medida que el análisis avanza, el sujeto supuesto saber pierde fuerza.
El paciente deja de pensar que existe alguien que conoce la verdad completa sobre él.
Empieza a asumir que ninguna persona puede ocupar definitivamente ese lugar.
Este cambio no supone una pérdida.
Al contrario.
Permite que el sujeto deje de depender de un supuesto saber externo y pueda responsabilizarse de su propio deseo.
Por eso la caída del sujeto supuesto saber constituye uno de los momentos fundamentales del final de un análisis.
En resumen
El sujeto supuesto saber no es el analista ni un experto que conoce todas las respuestas.
Es la posición que el paciente le atribuye al comenzar un análisis.
Gracias a esa suposición, la transferencia se pone en marcha y el inconsciente comienza a desplegarse.
Sin embargo, el objetivo del análisis no consiste en confirmar que el analista sabía la verdad desde el principio.
Consiste en que el propio sujeto descubra un saber nuevo acerca de sí mismo y deje de depender de la ilusión de que otro pueda conocer completamente quién es.
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