El fracaso
Introducción
Pocas palabras generan tanto rechazo como el fracaso.
Desde pequeños aprendemos que hay que aprobar, ganar, destacar y alcanzar objetivos. Admiramos a quienes triunfan y solemos ocultar aquello que no salió como esperábamos.
Sin embargo, basta vivir unos cuantos años para descubrir que ninguna existencia está libre de fracasos.
Un examen suspendido.
Un negocio que no funciona.
Una relación que termina.
Un proyecto que nunca llega a realizarse.
Una oportunidad perdida.
El fracaso forma parte de la vida mucho más de lo que solemos reconocer.
El psicoanálisis no entiende el fracaso únicamente como un resultado negativo. Se pregunta también qué significa ese fracaso para cada persona y por qué, en ocasiones, aquello que llamamos fracasar puede abrir caminos que antes parecían imposibles.
¿Por qué este tema nos afecta a todos?
Vivimos en una sociedad que premia el éxito.
Las historias que solemos escuchar hablan de personas que superaron obstáculos y finalmente alcanzaron sus metas.
Rara vez se cuentan los intentos fallidos.
Las dudas.
Los errores.
Los caminos abandonados.
Esto puede hacernos creer que fracasar significa quedarse atrás.
Sin embargo, la realidad es muy distinta.
Todos fracasamos.
La diferencia no está en evitar el fracaso.
Está en la manera en que nos relacionamos con él.
Hay personas que convierten un tropiezo en una condena permanente.
Otras descubren, precisamente gracias a ese fracaso, un camino completamente diferente.
¿Por qué nos cuesta aceptar el fracaso?
Cuando algo no sale como esperábamos solemos pensar que el problema está en nosotros.
Nos comparamos con quienes parecen haber tenido éxito.
Nos preguntamos qué hicimos mal.
Qué nos falta.
Qué deberíamos haber sido.
Poco a poco el fracaso deja de referirse a un acontecimiento concreto y comienza a definir nuestra identidad.
Ya no pensamos:
«He fracasado en este proyecto.»
Pensamos:
«Soy un fracasado.»
Esa diferencia resulta enorme.
Porque una cosa es un resultado.
Y otra muy distinta convertir ese resultado en la definición completa de quienes somos.
La mirada del psicoanálisis
Freud mostró que el ser humano no siempre actúa buscando únicamente el éxito o el bienestar.
En ocasiones repetimos situaciones que nos hacen sufrir.
Nos equivocamos de maneras parecidas.
Volvemos una y otra vez a relaciones, decisiones o circunstancias que terminan produciendo el mismo desenlace.
Comprender esas repeticiones constituye una de las tareas del psicoanálisis.
Lacan añadió que el fracaso también puede señalar la distancia entre los ideales que perseguimos y nuestro deseo más profundo.
A veces insistimos durante años en alcanzar objetivos que, en realidad, pertenecen más a las expectativas de los demás que a las nuestras.
Cuando esos proyectos fracasan sentimos un enorme dolor.
Pero ese mismo fracaso puede obligarnos a preguntarnos una cuestión nueva:
¿Era realmente ese el camino que deseaba recorrer?
No todo fracaso revela un error.
En ocasiones revela una verdad.
Un ejemplo cotidiano
Javier prepara durante dos años unas oposiciones.
Renuncia a vacaciones.
Estudia todos los días.
Imagina cómo cambiará su vida cuando consiga la plaza.
Finalmente no aprueba.
Durante semanas siente que todo el esfuerzo ha sido inútil.
Con el tiempo descubre algo inesperado.
Aquellos años le permitieron desarrollar capacidades que nunca había imaginado.
Empieza a trabajar en un ámbito diferente donde utiliza muchos de los conocimientos adquiridos.
No obtuvo aquello que buscaba.
Pero tampoco volvió a ser la misma persona.
El fracaso cambió su trayectoria.
No necesariamente para peor.
Algunas ideas equivocadas sobre el fracaso
«Fracasar significa no valer.»
No.
Un resultado negativo no define el valor de una persona.
Todos fracasamos en algún momento.
Eso forma parte de cualquier vida.
«Las personas exitosas nunca fracasan.»
Quienes admiramos también han acumulado errores, dudas y proyectos fallidos.
Simplemente solemos conocer únicamente el resultado final.
«Si fracaso, significa que debo abandonar.»
Algunas veces será necesario cambiar de camino.
Otras será conveniente insistir.
No existe una respuesta universal.
Lo importante es preguntarse qué estamos persiguiendo realmente y por qué.
«El fracaso siempre es una pérdida.»
Muchas veces lo es.
Pero también puede convertirse en una oportunidad para revisar nuestros ideales, descubrir nuevos caminos o conocernos mejor.
¿Qué podemos aprender del fracaso?
El fracaso nos recuerda que vivir implica asumir riesgos.
Nadie puede construir una existencia completamente libre de errores.
También nos enseña que nuestros proyectos no siempre salen como imaginábamos.
Y que eso no impide seguir construyendo una vida valiosa.
El psicoanálisis no propone evitar el fracaso.
Propone escucharlo.
Preguntarnos qué pone de manifiesto.
Qué expectativas rompe.
Qué deseo deja al descubierto.
Porque, en ocasiones, el verdadero fracaso no consiste en no alcanzar un objetivo.
Consiste en pasar toda una vida persiguiendo un deseo que nunca fue realmente nuestro.
Para seguir pensando
Quizá el fracaso no sea el final de un camino.
Tal vez sea el momento en que descubrimos que el camino que seguíamos ya no podía continuar igual.
Las caídas forman parte de cualquier recorrido.
Lo importante no es vivir sin ellas.
Lo importante es permitir que nos enseñen algo sobre quiénes somos, sobre aquello que realmente deseamos y sobre la vida que queremos construir.
Porque una existencia sin fracasos probablemente sería también una existencia sin decisiones, sin riesgos y sin verdadero deseo.
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