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El fin de análisis

¿Cuándo puede decirse que un análisis ha terminado y qué significa realmente llegar a su final?

Avanzado 18 min
El fin de análisis

¿Cuándo termina realmente un psicoanálisis?

Existe una pregunta que tarde o temprano aparece en toda terapia.

"¿Cuándo sabré que ya no necesito seguir viniendo?"

Muchas personas imaginan que el final de un análisis llega cuando desaparecen todos los problemas.

Cuando ya no existe ansiedad.

Cuando nunca volvemos a sufrir.

Cuando dejamos de cometer errores.

Sin embargo, el psicoanálisis propone una respuesta muy diferente.

El objetivo de un análisis no consiste en convertirse en una persona perfecta.

Consiste en transformar la relación que mantenemos con nosotros mismos, con nuestro deseo y con aquello que inevitablemente forma parte de nuestra vida.


Un análisis no busca eliminar todos los conflictos

Vivimos en una cultura que promete soluciones definitivas.

Eliminar el estrés.

Superar todos los miedos.

Alcanzar la felicidad permanente.

El psicoanálisis nunca ha prometido eso.

Freud afirmaba que formar parte de la condición humana implica convivir con ciertos conflictos que nunca desaparecen por completo.

Siempre existirán pérdidas.

Renuncias.

Contradicciones.

Deseos incompatibles.

El análisis no elimina esa realidad.

Ayuda a vivirla de otra manera.


Freud: donde estaba el ello, debe advenir el yo

Freud entendía que el trabajo analítico consistía en ampliar el conocimiento que una persona tiene sobre sí misma.

Su conocida frase:

"Donde estaba el ello, debe advenir el yo."

resume esa idea.

No significa controlar completamente el inconsciente.

Eso sería imposible.

Significa que el sujeto deja de estar gobernado únicamente por conflictos que desconoce.

Poco a poco comienza a reconocer su propia historia, sus repeticiones y sus deseos.

Ese cambio modifica profundamente la manera de vivir.


El análisis no termina cuando desaparecen los síntomas

Muchas personas llegan a consulta porque sufren un síntoma.

Ansiedad.

Obsesiones.

Ataques de pánico.

Bloqueos.

En ocasiones esos síntomas disminuyen relativamente pronto.

Sin embargo, eso no implica necesariamente que el análisis haya concluido.

El síntoma puede haber cambiado.

Pero las preguntas fundamentales del sujeto continúan abiertas.

¿Por qué repito siempre las mismas relaciones?

¿Por qué necesito agradar constantemente?

¿Por qué me cuesta sostener mis decisiones?

El análisis suele continuar allí donde el alivio inicial deja paso al deseo de comprender.


Lacan: atravesar el fantasma

Lacan introdujo una perspectiva nueva sobre el final del análisis.

Para él, no se trataba simplemente de conocerse mejor.

El análisis debía producir una transformación en la posición que el sujeto ocupa respecto a su deseo.

Uno de los conceptos más importantes para comprender este proceso es el de atravesamiento del fantasma.

El fantasma organiza la manera en que cada persona interpreta sus relaciones, sus pérdidas y sus deseos.

Durante un análisis, esa construcción puede empezar a hacerse visible.

No desaparece por completo.

Pero deja de gobernar la vida del mismo modo.


Asumir que no existe una respuesta definitiva

Una de las transformaciones más profundas consiste en aceptar algo difícil.

No existe una respuesta completa para todas las preguntas sobre uno mismo.

Siempre permanecerá un aspecto imposible de conocer del todo.

Lejos de ser un fracaso, esa falta forma parte de la condición humana.

Lacan insistía en que el análisis no conduce a una verdad absoluta sobre la propia identidad.

Conduce a una relación diferente con aquello que nunca podrá cerrarse completamente.


Un ejemplo cotidiano

Imaginemos a un hombre que durante años ha buscado desesperadamente el reconocimiento de los demás.

Necesita que todos aprueben sus decisiones.

Cada crítica lo derrumba.

Durante el análisis descubre cómo esa necesidad ha marcado muchas de sus elecciones.

No deja de valorar la opinión ajena.

Pero poco a poco deja de depender completamente de ella.

Empieza a tomar decisiones sin esperar siempre una confirmación externa.

No se ha convertido en una persona perfecta.

Ha cambiado su posición frente a ese deseo.

Ese tipo de transformación se acerca mucho más al final de un análisis que la simple desaparición de un síntoma.


El síntoma también cambia

Lacan llegó incluso a plantear que el síntoma no siempre debe desaparecer.

En muchos casos lo importante no es eliminarlo.

Sino modificar la relación que el sujeto mantiene con él.

Aquello que antes dominaba completamente la vida puede dejar de hacerlo.

El síntoma deja de ser un destino inevitable.

Se convierte en algo que el sujeto reconoce, comprende y puede habitar de otra manera.


¿Quién decide que un análisis ha terminado?

No existe una duración fija.

Algunas personas realizan un recorrido relativamente breve.

Otras permanecen varios años.

Tampoco existe un examen final.

Ni un certificado.

El final de un análisis no lo determina una cantidad concreta de sesiones.

Surge cuando el trabajo realizado permite al sujeto sostener de otra manera su deseo y su responsabilidad respecto a su propia vida.

Por eso cada análisis posee su propio tiempo.


El análisis continúa fuera de la consulta

Terminar un análisis no significa dejar de preguntarse por uno mismo.

Al contrario.

Muchas personas descubren que la experiencia analítica modifica su manera de escuchar, de decidir y de relacionarse mucho después de haber finalizado las sesiones.

No porque sigan analizando cada detalle de su vida.

Sino porque han aprendido una forma distinta de habitarla.

El análisis termina.

Pero sus efectos pueden continuar desarrollándose durante muchos años.


Quédate con esto

El final de un análisis no consiste en dejar de sufrir ni en convertirse en una persona perfecta.

Desde Freud hasta Lacan, el verdadero final implica una transformación en la relación que el sujeto mantiene con su deseo, con su historia y con aquello que nunca podrá controlar completamente.

Porque el objetivo del psicoanálisis no es ofrecer una vida sin conflictos.

Es ayudar a vivir esos conflictos con mayor libertad y con una responsabilidad diferente frente al propio deseo.

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