El fantasma
La escena inconsciente desde la que vivimos nuestro deseo
Cuando oímos la palabra fantasma, solemos pensar en una aparición, una ilusión o una fantasía imaginaria.
En psicoanálisis significa algo muy distinto.
Para Lacan, el fantasma es la escena inconsciente desde la que cada persona organiza su deseo y da sentido a sus relaciones con los demás.
No se trata de un recuerdo concreto ni de una historia que podamos contar de principio a fin. Es una forma estable de situarnos frente al mundo, una especie de guion invisible que influye en cómo interpretamos lo que nos ocurre y en el lugar que tendemos a ocupar frente a los otros.
Aunque no seamos conscientes de ello, todos vivimos desde algún fantasma.
¿Por qué necesitamos un fantasma?
Desde que nacemos dependemos completamente de quienes nos cuidan.
Muy pronto comenzamos a percibir que esas personas también desean cosas que no siempre comprendemos.
Sin saberlo, aparecen preguntas que nos acompañarán durante toda la vida:
- ¿Qué quieren de mí?
- ¿Qué lugar ocupo para el otro?
- ¿Qué debo hacer para ser querido?
- ¿Qué soy para quien deseo?
Estas preguntas nunca encuentran una respuesta definitiva.
Sin embargo, cada sujeto construye una manera relativamente estable de responderlas.
Ese modo de responder constituye el fantasma.
No es una fantasía consciente
A veces imaginamos situaciones agradables o soñamos despiertos.
Eso son fantasías conscientes.
El fantasma funciona de otra manera.
No lo elegimos.
No solemos conocerlo.
No aparece como una película que podamos observar desde fuera.
Más bien es el escenario desde el que vivimos nuestra propia vida.
Es parecido al decorado de una obra de teatro.
Los actores cambian.
Las escenas cambian.
Pero el escenario permanece.
El fantasma organiza nuestras relaciones
Dos personas pueden vivir exactamente la misma situación y darle un significado completamente diferente.
Una crítica en el trabajo puede ser interpretada por alguien como una oportunidad para mejorar.
Otra persona la vivirá como una confirmación de que nunca será suficiente.
Otra pensará inmediatamente que la quieren apartar.
No es la realidad la que cambia.
Lo que cambia es la posición desde la que cada uno la interpreta.
El fantasma organiza esa lectura del mundo.
¿Cómo se construye?
El fantasma comienza a formarse durante la infancia.
Se construye a partir de:
- la relación con quienes nos cuidaron;
- las experiencias de satisfacción y frustración;
- el deseo del Otro;
- la entrada en el lenguaje;
- la separación progresiva respecto de la madre;
- la constitución del deseo propio.
No se trata de un único acontecimiento.
Es el resultado de múltiples experiencias que terminan organizándose alrededor de una misma lógica.
Siempre tendemos a ocupar un lugar parecido
Muchas personas descubren que, aunque cambien de pareja, de trabajo o de grupo de amigos, terminan viviendo situaciones muy similares.
No porque el mundo sea siempre igual.
Sino porque, sin darse cuenta, ocupan una posición parecida.
Algunas personas sienten constantemente que deben salvar a los demás.
Otras viven esperando ser rechazadas.
Otras necesitan demostrar continuamente que merecen ser queridas.
Otras interpretan cualquier distancia como un abandono.
No significa que esos acontecimientos sean imaginarios.
Significa que existe una forma estable de leerlos.
Esa forma constituye el fantasma.
El objeto a y el fantasma
Lacan explica que el deseo nunca encuentra un objeto capaz de satisfacerlo completamente.
Siempre queda un resto.
Ese resto recibe el nombre de objeto a.
El fantasma organiza precisamente la relación que cada sujeto mantiene con ese objeto imposible de poseer por completo.
Por eso dos personas pueden desear cosas muy diferentes y, sin embargo, compartir una misma lógica inconsciente.
Lo importante no es tanto el objeto concreto como la posición desde la que se desea.
La fórmula del fantasma
Lacan resumió esta idea mediante una expresión muy conocida:
$ ◇ a
A primera vista parece una fórmula matemática.
En realidad representa algo mucho más sencillo.
- $ representa al sujeto dividido, que nunca puede conocerse completamente a sí mismo.
- a representa el objeto causa del deseo.
- ◇ expresa la relación singular que cada sujeto establece con ese objeto.
Toda la complejidad del fantasma queda condensada en esa pequeña escritura.
No pretende complicar las cosas, sino mostrar que cada persona organiza su deseo siguiendo una lógica propia.
Un ejemplo cotidiano
Imaginemos a una persona que, cada vez que comienza una relación sentimental, siente una enorme tranquilidad mientras el otro parece distante.
Sin embargo, cuando la relación se vuelve estable y afectuosa, empieza a perder interés.
Desde fuera podría parecer una contradicción.
Pero quizá el deseo de esa persona solo logra mantenerse cuando siente que debe conquistar al otro.
No desea tanto a una persona concreta como la posición que ocupa dentro de esa escena.
Aunque cambien las parejas, la lógica permanece.
Ese es un ejemplo de funcionamiento del fantasma.
¿Puede cambiar el fantasma?
El fantasma no desaparece simplemente porque lo comprendamos intelectualmente.
Forma parte de la manera en que cada sujeto ha organizado su relación con el deseo.
Sin embargo, el trabajo analítico permite reconocer esa lógica.
Cuando el sujeto deja de identificarse completamente con ella, empieza a disponer de un margen mayor de libertad.
No deja de tener un fantasma.
Pero ya no necesita quedar completamente atrapado en él.
En la enseñanza de Lacan, este proceso recibe el nombre de travesía del fantasma.
En resumen
El fantasma no es una fantasía consciente ni una ilusión.
Es la escena inconsciente desde la que cada sujeto organiza su deseo, interpreta sus relaciones y ocupa un lugar frente a los demás.
Gracias a él, la realidad adquiere un sentido relativamente estable.
Pero también explica por qué tendemos a repetir ciertas posiciones y determinados modos de sufrir.
Comprender el fantasma significa empezar a descubrir el guion invisible desde el que muchas veces vivimos sin saberlo.
Ese descubrimiento constituye uno de los pasos más importantes del psicoanálisis lacaniano.
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