Alienación y separación
Una experiencia muy común
Imagina a un niño pequeño.
Al principio depende completamente de quienes lo cuidan.
Poco a poco aprende a reconocer palabras.
Empieza a responder cuando pronuncian su nombre.
Descubre que algunas conductas son aprobadas y otras rechazadas.
Aprende qué esperan de él.
Sin darse cuenta, comienza a ocupar un lugar entre los demás.
Pero también sucede algo curioso.
Con el tiempo deja de preguntarse únicamente qué quieren los otros.
Empieza a preguntarse:
¿Y yo qué quiero?
Estas dos transformaciones ocupan un lugar central en la enseñanza de Lacan.
Las llamó alienación y separación.
No son enfermedades.
No son problemas.
Son las dos operaciones mediante las cuales un ser humano llega a convertirse en sujeto.
Antes del lenguaje
Cuando nacemos todavía no habitamos plenamente el mundo simbólico.
Tenemos necesidades.
Sentimos hambre, frío, dolor o bienestar.
Pero todavía no podemos organizar nuestra experiencia mediante palabras.
Dependemos completamente de los otros.
Son ellos quienes interpretan nuestro llanto, ponen nombre a lo que sentimos y nos introducen poco a poco en el lenguaje.
Ese proceso cambiará para siempre nuestra manera de existir.
La entrada en el lenguaje
Ningún ser humano inventa por sí mismo el lenguaje.
Llegamos a un mundo donde las palabras ya existen.
También existen normas, expectativas, deseos familiares e historias anteriores a nuestro nacimiento.
Antes incluso de hablar, ya ocupamos un lugar.
Somos hijos.
Nietos.
Tenemos un nombre.
Una historia.
Un lugar esperado dentro de una familia.
Entrar en ese universo simbólico nos permite pensar, comunicarnos y construir una identidad.
Pero también tiene un precio.
La alienación
Lacan llama alienación al momento en que el ser humano entra en el lenguaje.
Gracias a las palabras podemos existir como sujetos.
Pero, al mismo tiempo, dejamos de ser completamente dueños de nosotros mismos.
Empezamos a nombrarnos utilizando palabras que vienen del Otro.
Aprendemos quiénes somos a través de las miradas, las expectativas y los significantes que recibimos.
Somos "buenos".
"Traviesos".
"Responsables".
"Tímidos".
"Inteligentes".
Esas palabras ayudan a construir nuestra identidad, pero ninguna consigue describir completamente quiénes somos.
Siempre queda algo que escapa.
Por eso Lacan afirma que el sujeto queda dividido.
Nunca coincide plenamente con la imagen que tiene de sí mismo ni con aquello que los demás dicen de él.
El sujeto dividido
La alienación produce una consecuencia fundamental.
Para poder hablar debemos aceptar las reglas del lenguaje.
Pero el lenguaje nunca consigue expresar completamente nuestra experiencia.
Siempre hay algo que no encuentra palabras suficientes.
Siempre queda un resto.
Por eso Lacan representa al sujeto mediante el símbolo $, el sujeto dividido.
No significa que la persona esté rota.
Significa que nunca podemos coincidir completamente con aquello que decimos ser.
El deseo del Otro
Durante la infancia una gran parte de nuestra vida gira alrededor de una pregunta silenciosa.
¿Qué esperan de mí?
¿Qué tengo que hacer para ser querido?
¿Qué quiere mi madre?
¿Qué desea mi padre?
El niño intenta encontrar respuestas.
Busca reconocimiento.
Busca amor.
Busca un lugar.
Durante un tiempo parece que el Otro posee todas las respuestas.
Pero esa impresión no dura para siempre.
La separación
Lacan llama separación al momento en que el sujeto descubre algo decisivo.
El Otro tampoco lo sabe todo.
También duda.
También desea.
También le falta algo.
Los padres no son perfectos.
No poseen todas las respuestas.
No pueden colmar completamente nuestras necesidades.
Descubrir esa falta cambia profundamente la posición del sujeto.
Ya no vive únicamente intentando responder al deseo del Otro.
Empieza a preguntarse por el suyo propio.
El nacimiento del deseo
La separación no consiste en alejarse físicamente de los padres.
Se trata de una transformación simbólica.
El sujeto deja de creer que existe alguien capaz de completar completamente su vida.
Acepta que también el Otro está atravesado por la falta.
Y precisamente porque nadie posee aquello que falta, el deseo puede comenzar a desplegarse.
El deseo ya no consiste únicamente en satisfacer las expectativas ajenas.
Empieza a construirse un recorrido singular.
La relación con el objeto a
La separación prepara el terreno para otro concepto fundamental de Lacan: el objeto a.
Cuando el sujeto descubre que ninguna respuesta puede colmar completamente la falta, aparece aquello que pone en movimiento el deseo.
El objeto a no elimina la falta.
La mantiene viva.
Por eso ambos conceptos están profundamente relacionados.
Alienación y separación explican cómo nace el sujeto.
El objeto a explica por qué ese sujeto continúa deseando.
Un ejemplo cotidiano
Una adolescente ha intentado durante años cumplir todas las expectativas de su familia.
Elige determinadas actividades porque siente que así será valorada.
Busca continuamente aprobación.
Con el tiempo descubre que, aunque haga todo correctamente, sus padres siguen teniendo dudas, preocupaciones y deseos propios.
Comprende que no existe una manera perfecta de satisfacerlos.
Ese descubrimiento resulta incómodo.
Pero también abre una posibilidad nueva.
Por primera vez puede empezar a preguntarse qué desea ella realmente.
Ese pequeño desplazamiento ilustra, de forma muy sencilla, el paso desde la alienación hacia la separación.
¿Por qué son importantes estos conceptos?
Alienación y separación permiten comprender que el sujeto no nace ya constituido.
Se construye progresivamente en su relación con el lenguaje y con los otros.
Primero necesita ocupar un lugar dentro del mundo simbólico.
Después necesita descubrir que el Otro también está marcado por la falta.
Solo entonces puede comenzar a elaborar un deseo propio.
Estas dos operaciones constituyen uno de los núcleos de la teoría lacaniana del sujeto y permiten comprender mejor conceptos como el deseo, el objeto a, el fantasma, la castración simbólica o el Nombre-del-Padre.
Quédate con esto
La alienación es la entrada del ser humano en el lenguaje y en el mundo simbólico, un proceso que hace posible la existencia del sujeto, aunque al precio de quedar representado por significantes que nunca lo describen por completo.
La separación aparece cuando el sujeto descubre que el Otro también está atravesado por la falta. Ese descubrimiento hace posible el nacimiento de un deseo propio y constituye uno de los momentos fundamentales en la formación de la subjetividad.
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